Seguinos
por:
https://www.facebook.com/raizteatro/
https://www.instagram.com/raizteatro
www.raizteatro.com
Esta
cuarentena nos tiene inmersos en la desesperanza, el estrés, el
aislamiento, la falta de trabajo y dinero, la soledad; y otro tanto
de situaciones adversas. Sin embargo, también puede traer detalles
llenos de luz y alegría.
Hace
unos meses, un par de colegas docentes del Instituto Tecnológico de
Costa Rica, me preguntaron si había posibilidad que sus estudiantes
vieran videos de las obras de Raíz para ser analizados en sus cursos
de Artes Dramáticas. ¡Alegremente accedí! No solo por el hecho de
que vieran nuestro trabajo, sino sobretodo, para compartir y
colaborar entre colegas. Fraternidad.
Me
sentí halagada por la petición pero más, me sentí orgullosa de
contar con más de 15
puestas en escena para que muchos puedan disfrutar de “la
experiencia Raíz Teatro”. Agradezco
en esta ocasión a mi colega Andrea Gómez, docente del TEC, primero
por su trabajo y luego por la confianza al pensar en Raíz y
compartirnos la experiencia.
Y
agradezco, a la estudiante Camila Morales Rodríguez por sus
palabras. Gracias por el análisis, la crítica y la sensibilidad.
Camila:
me encantaría agradecerte en persona y conversar, si podés
escribime al inbox de Raíz Teatro por Facebook o Instagram; o a
raizteatro@gmail.com
M.
Ed. Katherine LaPey Peytrequín Gómez
Directora
general y artística Raíz Teatro
*********
Instituto
Tecnológico de Costa Rica
Reporte
sobre la obra en línea
Curso:
Artes Dramáticas
Profesora:
Andrea Gómez
Por:
Camila Morales Rodríguez
Información
General:
Nombre
de la obra: Triunfo
Dirección:
Katherine “LaPey” Peytrequín Gómez
Intérpretes:
Perssis Sheik, Verónica Quesada.
Producción
general: Raíz Teatro
1.
Estructura narrativa
El
tema de la obra se relaciona con el paralelismo entre las vidas de
dos mujeres aparentemente contrarias, pero que en realidad atraviesan
circunstancias similares vistas desde distintos enfoques. Ambas se
enfrentan a preocupaciones, resignación, esperanza, maternidad,
abandono, insatisfacción, peripecias. Sin embargo, solo una de ellas
triunfa realmente ante las limitaciones, y decide finalmente
reinventarse.
La
trama es representada por dos mujeres, Alexandra y Triunfo, que
mantienen una relación de patrona-empleada, con marcadas diferencias
sociales. La primera, esposa codiciosa de un opulento caballero
involucrado en la política, vive a costa del materialismo y la
riqueza. Insatisfecha e infeliz, se refugia en la apariencia de quien
vive a plenitud, holgada y sin preocupaciones. Sustenta su vida en un
espejismo, para evadir su realidad dominada por la “crisis de la
edad”, la envidia, la obsesión por “mantener la figura” y la
maternidad poco ideal. Aparentemente todos esos conflictos se
disipan, con la acción de antidepresivos.
La
segunda, Triunfo, es una trabajadora doméstica nicaragüense y
empleada por Alexandra. Su principal preocupación es reunir el
dinero necesario para pagar la hipoteca de su casa en Nicaragua que
su desconsiderado y adúltero marido, comprometió. Pero además,
trabaja para mantener a sus hijos que, aunque ya mayores, no se
ocupan en ganar dinero. Anhela recuperar su vida pasada en Nicaragua,
pero se resigna a la realidad que le tocó vivir.
Ambas
se desenvolvían en sus respectivos contextos, sin tener mayor
relación directa entre sí. Alexandra se la pasaba fantaseando y
alardeando sobre su vida y su supuesto viaje a Buenos Aires, donde
aseguraba que sería feliz entre tantos antojos caprichosos. Sin
embargo, no contempló que una inesperada noticia sacudiría sus
planes: el embarazo de su hija. La histeria y desagrado se
apoderaron de ella, ante la negativa de su hija respecto al
matrimonio con el padre de la criatura. Pero además, la situación
se aseveró cuando su marido decidió suprimir el viaje a Argentina,
justificando su decisión con la incertidumbre en la política del
país, y con la atención de quien sería su futuro nieto. Su
motivación diaria se derrumbó y las quejas aumentaron
exponencialmente; se sentía vieja, no podía hacerse una cirugía,
no tendría paseo, su hija sería madre soltera...
Mientras
tanto, Triunfo se la pasaba trabajando. Recibía llamadas de sus
familiares únicamente para solicitarle préstamos de dinero, o
tiempo para que se hiciera cargo de sus nietos, y observaba como
espectadora las tragedias de su patrona. Se desahogaba con el perro
de la familia Echeverría, y seguía con sus pesadas labores diarias.
Hasta que un día, también recibió una inesperada noticia: había
ganado un concurso en el que había participado. El premio era un
viaje para dos personas, en crucero, hasta Alaska. Pese a que se
alegró mucho, se dio cuenta de que la oferta no le sería tan
conveniente ya que no tendría vacaciones para la fecha establecida,
y además, su intención inicial era la de ganar otro premio que no
era tan innecesario para ella como dicha travesía. Entonces decidió
vender el tiquete. Estaba segura de que el dinero le sería de mayor
utilidad, pues con él podría finalmente pagar la hipoteca.
Alexandra,
se irritó al descubrir la fortuna de su “empleada” e incluso
apeló que fue una ladrona por tomar los cupones de la basura. No
toleró los celos, y descargó su envidia en comentarios denigrantes
y burlescos entorno a Triunfo. No obstante, para su beneficio, se dio
cuenta de que Triunfo vendería sus tiquetes y decide rogarle a su
marido para que los compre, hasta que finalmente logra convencerlo.
Luego
de que Triunfo confiesa con cierta nostalgia a su fiel amigo perruno,
que compró un libro alusivo a Alaska, como “recuerdo del lugar que
nunca conocerá”, la historia alcanza su punto más álgido, en el
momento en que la venta se logra finiquitar. A partir de ahí, la
trama comienza a descender rápidamente hasta llegar al desenlace
final. Se sobreentiende que Alexandra realizó su viaje, y que
Triunfo decide por primera vez satisfacer sus propios gustos. Decide
tramitar la adquisición de una Visa, conseguir ropa caliente y
comprar un boleto de avión a Vancouver, para rehacer su vida en ese
lugar.
2.
El trabajo de los actores y actrices.
Personalmente,
la actriz que más me atrajo fue Perssis
Sheik. Quizás lo que más me llamó la atención fue la naturalidad
con que representaba a sus personajes. Se identificaba fielmente
tanto con el personaje de Alexandra, como con el de Triunfo. Sus
gestos y ademanes no se veían forzados y eran muy acertados para
cada situación. El público disfrutaba de su jocosidad, y de su
estilo tan espontáneo. No mostró ninguna equivocación, y se veía
muy segura de su papel. Hizo un uso muy apropiado de la entonación y
el énfasis con que se refería en ciertas situaciones, y cabe
destacar su habilidad para imitar el acento nicaragüense sin
dificultad.
La
actriz logró representar claramente la dualidad entre ambas mujeres,
transmitiendo los rasgos materialistas y mimados de Alexandra, que
causaban desagrado, y la sencillez y modestia de Triunfo que por el
contrario, provocaban cierta ternura hacia el personaje.
3.
Plástica escénica (todos los recursos técnicos de la puesta en
escena)
El
espacio escénico se distribuyó en un solo nivel, con el público
dispuesto siempre de manera frontal al escenario. La escenografía
era mínima, pero la necesaria para desarrollar la trama: un par de
sillas y un perchero donde mantenían pequeños elementos del
vestuario y demás objetos menudos.
La
puesta en escena carecía de efectos especiales y los elementos
visuales se mantuvieron prácticamente planos, a excepción del
desplazamiento de las sillas en las diversas escenas. La
luminotecnia fue ausente, y los efectos sonoros fueron muy reducidos.
Básicamente se limitaron a marcar la transición entre una escena y
otra, con una breve melodía.
Comentario
sobre el vestuario y los objetos utilizados:
Pese
a que los elementos visuales no fueron prominentes, el uso de los
mismos fue muy significativo. En cuanto al vestuario, cabe reconocer
la eficacia con que lo integraron, pues básicamente lo constituía
una serie de accesorios que de acuerdo al personaje que se estuviera
representando, se ponían o se quitaban. De esa manera se agilizaba
la preparación de ambas actrices para las sucesivas escenas.
Cuando
una de las actrices hacía el papel de Alexandra, utilizaba un
vestido que denotaba finura y elegancia, complementado con unos
tacones negros y un tocado de tul, que aumentaban la prestancia. En
cambio, cuando se asumía el rol de Triunfo, se utilizaba el
tradicional traje de sirvienta, compuesto por un delantal y una banda
para sujetar el cabello. Ambos vestuarios estaban ambientados en los
años 50 y 60, sin embargo, la trama estaba basada en la actualidad.
Dicha discrepancia resultaba confusa, aunque a mi parecer, se utilizó
de esa manera para acentuar la diferencia de clases y la brecha
social entre ambas mujeres, pues los accesorios antes mencionados, se
asocian inmediatamente a los roles que cumplía cada una, aunque
demuestran la ironía del rumbo que toma su destino: la sacrificada y
pobre sirvienta, triunfante ante sus limitaciones, y la superficial y
rica patrona que pese a que consigue viajar, no consigue superar su
infelicidad.
Los
objetos utilizados también fueron muy adecuados, pues fueron una
herramienta para exponer las diversas temáticas tratadas. El uso de
dispositivos electrónicos como la computadora y el celular, no solo
ambientan la historia en la actualidad, sino que exponen las
implicaciones de la comunicación electrónica. Por medio de la
computadora, Alexandra muestra su vida “perfecta” a un personaje
tácito, que parece ser su amiga. Es capaz de ocultar su realidad a
través de una pantalla, y de mostrar únicamente lo que ella decide.
Esta situación hace visible la insaciable necesidad de Alexandra de
proyectar la vida caprichosa que siempre quiso.
Además,
la comunicación electrónica deja ver la distancia virtual que
separa a ambas madres con sus respectivos hijos, y que es preferida
por los mismos, antes que el contacto directo. Se reemplazan las
tardes de café, por las videollamadas pasajeras y lejanas (en el
caso de Alexandra), y las conversaciones por teléfono se reducen a
pedir favores y dinero (en el caso de Triunfo).
4.
Contenido
Las
intérpretes de la obra nos conducen a través del viaje de sus
respectivas vidas que se contrastan en algunos aspectos, y coinciden
en otros, al estar ambas sujetas a una misma realidad humana. Esa
realidad que nos impulsa a querer superar cada uno de los eslabones
que Maslow propone en su jerarquía de necesidades, para finalmente
acceder al reconocimiento y la autorrealización. De una u otra
manera, todos aspiramos a alcanzar ese fin último de plenitud con
nosotros mismos y con nuestras vidas. Por esa razón es que
Alexandra se obsesiona con su apariencia o sus riquezas, que de algún
modo le proveen cierta seguridad y estabilidad personal respecto a
sus necesidades de estima, que están de hecho, en el penúltimo
escalón de la pirámide. Sin embargo, su ascenso por la pirámide
es poco exitoso, puesto que no logra amarse genuinamente a sí misma.
Esa es la causa de su lucha obstinada contra el envejecimiento o la
gordura, que se convierten para ella en defectos que nublan aún más
la armonía consigo misma. Las preocupaciones innecesarias y la
insatisfacción, la condenan al consumo de pastillas antidepresivas y
al estancamiento.
Triunfo,
por su parte, también se encuentra en búsqueda de su realización,
pero a diferencia de Alexandra, su evolución es evidente y su
desenvolvimiento personal también. Pasa de ser una mujer resignada y
abnegada, a ser una mujer arriesgada y dueña de sus decisiones desde
el momento en que descubre el poder de la confianza en sí misma. Por
eso, pese a que su riqueza material no es tan abundante, su riqueza
interior es la que propicia su desarrollo.
Ambas
situaciones dejan en evidencia la importancia del amor propio en la
misión por satisfacer las necesidades que convergen en la
realización humana. El vacío interno es una fuga de la felicidad,
nos vuelve insaciables y amargos. No nos permite aprovechar
oportunidades, ni agradecer los dones. Nos somete a alegrías
efímeras y a ilusiones pasajeras. Nos aleja de nuestro proceso de
crecimiento individual, y estanca nuestras vidas.
Cuando
no somos capaces de llenar nuestro espíritu con la grandeza de
nuestro propio ser, procuramos llenarlo con bienes materiales o con
otro tipo de vicio que termina traicionándonos. Y tal como dice el
papa Francisco, “Aquel que deposita su alegría en los bienes
materiales, está condenado a nunca ser feliz”. En cambio, cuando
tomamos la decisión de empoderarnos y visualizarnos como la mejor
herramienta que poseemos, la verdadera riqueza comienza a brotar y
nos garantizamos el camino hacia la autorrealización.