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miércoles, 18 de marzo de 2020

Como la pomada canaria.


Un par de veces me he encontrado al colega Carlos Miranda (o Carlitos) conflictuado al no saber si está bien disfrutar de una canción de Michael Jackson por las implicaciones morales. Y lo entiendo, es un tema delicado, tan delicado que no voy a hablar de eso en particular. Sin embargo quise comenzar por acá ya que hablar de enseñanza o aprendizaje de teatro (y las artes en general) es un tema muy hermoso, pero que creo que puede engañar.
¿El arte puede desarrollar la sensibilidad en las personas? Por supuesto que sí, pero eso no limita el hecho de que muchos artistas hayan sido conocidos por ser personas poco empáticas, algo déspotas o violentas (y cosas peores). ¿Practicar algún arte nos puede ayudar a desarrollar habilidades sociales como la comunicación o el trabajo en equipo? Claro, aunque existen personas artistas egocentristas, que no están dispuestas trabajar o colaborar con nadie. O por otra parte, grandes escritores que eran incapaces de sostener una conversación con otro ser humano en vivo pero en el papel se comunicaban con la mayor fluidez del mundo.
Fue durante el renacimiento donde la figura del artista, como un ser elevado, de un intelecto y sensibilidad superior; se volvió sumamente popular. Esta connotación se le sigue dando a muchos artistas pero hoy está más abierto al debate y se entiende que no hay ningún sentido divino o de superioridad en aquellas personas que encuentran su profesión en el quehacer artístico. Eso sí, a la práctica artística se le ha dado esta nueva visión trascendente y sanadora, cargada de un sin número de beneficios que recuerda a la pomada canaria.
En un mundo ideal las personas deberían practicar un deporte y un arte como parte integral de su vida. Los beneficios a la salud que producen dichas prácticas han sido demostrados y rectificados a lo largo de los años en diferentes investigaciones. Sin embargo, no se puede creer que por realizar deporte ya no se tiene que ir al doctor; o que las propiedades terapéuticas del arte pueden substituir cualquier ayuda psicológica que se necesite. De igual manera cuando se realizan programas sociales, de esos que llevan arte a zonas de riesgo social; se debe entender que es solo una de las múltiples estrategias para ayudar a estas poblaciones.
Aprender un arte puede ser liberador, una oportunidad para crecer y aprender, un encuentro con uno mismo, una forma de subir el autoestima (o inflarse el ego), puede ser una agradable distracción o la excusa perfecta para que los carajillos no pasen todas las vacaciones en la casa “rascándose la panza”. Aprender un arte puede ser todo eso y muchos detalles más. El ser humano es complejo, cualquier actividad humana es compleja. Como el asunto de Michael Jackson – sus canciones y su vida-, es complejo.
Si está pensando en pagarle clases de alguna expresión artística a sus hijos, hágalo; pero que no sea una forma de compensación ante algún problema familiar. Si quiere aprender danza para despejarse y poder lidiar con el estrés, estoy seguro que le servirá, pero también pregúntese que le causa esos estados y como los podría solucionar.
En una sociedad donde las enfermedades mentales están en aumento, no utilicemos las prácticas artísticas como un paliativo. Más bien (ojalá) utilicemos el arte como una manera de ganar conciencia sobre nuestros problemas, miedos e inseguridades; por ejemplo. Estudiar arte ayuda a empoderarnos y a actuar de menara integral ante la sociedad y nuestros problemas.
Estefan Esquivel
Dramaturgo y Actor




miércoles, 18 de diciembre de 2019

#Recordemos. #Opinión. La Prudencia de Raíz Teatro



La Prudencia

Día a día nos topamos con noticias cada vez más crudas, asesinatos, hurtos (en todas sus escalas), asaltos, discusiones irrelevantes por parte de algunos de los poderes político, en fin, día a día lo mismo… y somos pocas personas las que cuestionemos si estamos perdiendo la sensibilidad ante temas fundamentales, humanitarios, desde el acceso mínimo a los alimentos, el derecho a tener un hogar, una educación, salud, un trabajo, igualdad en el trato, o simplemente actuar con empatía ante cualquier persona que esté pasando un momento difícil.

En realidad el ritmo acelerado al que estamos sometidos -al que permitimos someternos- sea por el trabajo, los estudios, los roles en la casa, entre otros; hace que cada vez pensemos en ¿por qué la gente se siente insegura?, ¿será que realmente existe esa inseguridad? Eso lo podemos responder con estadísticas, reportes pero siguen siendo números. Al menos que haya afectado a un ser querido: ¿cambiamos algo con cuantificarlo?, ¿será que la mercadotecnia también nos quiere presentar una visión de inseguridad? y en muchos sentidos, inseguridad ciudadana, inseguridad en auto percepción estética, inseguridad en el trato con nuestros allegados. ¿Por qué esperamos lo peor de las personas que más nos aprecian?

Quizá parezca que no se llega a nada con plantearnos estas interrogantes, pero fueron precisamente las preguntas que me remitió el presenciar la excelente obra teatral“La Prudencia” de Raíz Teatro bajo la dirección de Cristina Barboza. De primera entrada nos invitan a reflexionar: si tenemos que vivir enjaulados para sentirnos seguros, ¿qué es lo que debemos cuidar?, será acaso las apariencias, ¿entre más “enjaulados” aparentamos tener más bienes?

Somos ciudadanos pasivos que nos atemorizamos ante estadísticas, ante las noticias, ante los eventos. Muchas veces no queremos hacer honor a los antecesores que nos legaron miles de años de evolución neuronal y no buscamos brindar soluciones a los problemas que enfrentamos, pero ¿por qué?

¿Falta de tiempo? ¿Pereza?, ¿Indiferencia?, ¿No sabemos a quién acudir? Bueno, todos podemos hacer algo, y con esto no digo caer en el clásico “Fuenteovejuna” de Lope de Vega, pero sí hacer todas esas pequeñas acciones que nos benefician a nosotros y a nuestros conciudadanos. Empezar por conocernos, saber quiénes son nuestros vecinos, qué podemos hacer por buscar una sociedad mejor, aspectos básicos… pero esto fue lo que me remitió solamente de primera entrada la puesta en escena.

Más adelante llamó mi atención la sátira (o al menos así la presencié yo) referente a la estética, ademanes, ¡cuántas personas actúan así en la vida real! ¡Increíble pero cierto! Enfatizar nuestras propias personalidades según cómo nos vemos, en cómo nos vestimos… de nuevo las apariencias: ”soy lo que puedo comprar, soy como me veo, soy lo que puedo aparentar, operar, en fin arreglar”… cada vez más estamos bombardeados por una sociedad que al mejor estilo capitalista de Smith trabaja en la venta de una imagen, de marcas y eso es lo que estamos heredando a los niños, a los jóvenes, pero esto va más allá, cuántos trabajos son concedidos dependiendo de cómo nos vemos!

¿Hacemos algo? No, porque “para qué buscan esos trabajos”, además eso es lo “normal”, “así ha sido, no es momento de cuestionarlo”, pero como consecuencia de estas construcciones artificiales es que surgen un montón de personas con problemas de desórdenes alimenticios, problemas psicológicos, etc.; aunque claro estos aspectos son multifactoriales.

Pero volvemos a lo mismo, todos estos son sólo pensamientos, ideas que nos remite el haber presenciado esas imágenes teatrales, esos diálogos, esos colores… pero es precisamente eso lo importante, el que una obra ponga a funcionar nuestro cerebro, que no nos den un todo dado al espectador, sino que evoque a múltiples sensaciones, en otras palabras que nos evoque a más y quizás ese “más” según las experiencias vividas por cada quién en el público, nos permita actuar y me refiero actuar socialmente, transgredir eso que simplemente “es así porque sí o porque no nos afecta”, el actuar en la vida real, el ser seres con pertinencia social, desde lo que nos es realmente posible y empezando por nosotros mismos.., si el teatro nos da ese pensamiento derivado – como nos lo da el equipo de Raíz Teatro-, estará brindando el mayor de los aportes, logrando el cometido por el cual considero que fue creado por las diversas culturas y sin lugar a dudas esta obra lo ha logrado.

Mónica Aguilar Bonilla
Docente. Antropóloga-Arqueóloga, UCR

El rumbo de producir (Raíz Laboratorio 4)

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