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miércoles, 31 de marzo de 2021

Creando en Raíz Laboratorio desde la virtualidad

 


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Si en algún momento de mi vida me hubieran dicho que tendríamos que pasar todo el día en nuestra casa haciendo teatro viendo una pantalla, nunca lo hubiera creído y mucho menos hubiera pensado que siquiera funcionaría. Durante la pandemia me he sentido muchas veces abrumada, asustada y con ganas de que esto termine lo más pronto posible. Sigo deseando volver al teatro, empezar proyectos en distintos lugares y volver a sentir lo que este me causaba. Aunque en un mundo ideal nada de esto hubiera pasado, la realidad es muy distinta y de nada nos sirve pasar el tiempo pensando en cómo las cosas eran antes en vez de pensar en el ahora y como resolverlo. Así que lo que realmente podemos hacer es adaptarnos y continuar, buscar una forma de volver a conectar con las personas y con aquello que amamos.

Gracias a los caminos misteriosos de la vida, Raíz me ofreció la oportunidad de trabajar en la segunda edición de este proyecto llamado “Raíz Laboratorio”. Todo desde un lugar de colaboración, de enfoque y entendimiento hacia el trabajo de los artistas en esta época. Desde que inició la pandemia los procesos artísticos se han visto afectados en todo sentido, pero por suerte la creatividad en las artes nunca se agota y mucho menos en el teatro. Gracias a Raíz Laboratorio y el espacio que dan para el montaje y trabajo de distintos proyectos, comencé a trabajar junto a estas increíbles mujeres: Yingry Rodríguez, Diana Chinchilla y Valeria Méndez con la dirección de Katherine Peytrequín.

Nos hemos reunido virtualmente desde la mitad del año pasado. Hemos aprendido a trabajar juntas de esta forma, uniendo nuestras ideas y explorando. Hemos jugado con ejercicios de escritura que ha propuesto cada una, con estímulos de nuestras vivencias e investigaciones personales. Con esto he aprendido a escuchar mi voz, descubriendo que al escribir hablo de lo que realmente me interesa. Una de las cosas más importantes que he aprendido, y siento que siempre que aprendo cosas nuevas lo vuelvo a aprender una y otra vez, es el no juzgarme. Cuando me dejo fluir, sigo mi instinto y confío en mí, descubro mi capacidad artística y lo que puedo construir con varias personas igual de creativas.

Escribir y trabajar en equipo para mí es saber que lo que proponemos no es perfecto y que nada lo es, pero que de ello aprendemos a conocernos mejor, a disfrutar y comprender nuestro arte. Muchas veces podemos escribir por cuestiones emotivas, por catarsis o incluso por puro divertimento, pero no nos damos cuenta del potencial que tienen nuestras historias, metáforas o poemas para mover algo interno en otras personas. Gracias a este espacio me he dado cuenta de lo importante en el compartir de las artes, porque no existen sin el receptor, sin la persona que escucha y retroalimenta nuestras ideas, la que se permea y se deja llevar por lo que sintió. Por esto he podido escucharme a mí misma, a mis compañeras y aprender de ellas.

Por último, este proceso me ha enseñado a ir con calma, a disfrutar de cada pequeño paso, de cada logro, y que poco a poco se van hilando las acciones armando algo cada vez más grande. No todos los días aparece la oportunidad de explorar la creación de una obra teatral y su respectivo montaje con un equipo tan espectacular y entregado, y una dirección tan abrazadora como la de Pey. Sin Raíz Laboratorio no me habría dado cuenta del poder que tienen nuestras palabras y que muchas veces lo que escribimos en momentos personales pueden servir para estos procesos. No habría aprendido a trabajar en este contexto virtual y a disfrutar de la incertidumbre de este camino. Raíz Laboratorio no solo es un espacio de creación, sino que también lo es de acompañamiento, impulso y crecimiento. Gracias Raíz, por todas estas acciones para la difusión, experimentación y apoyo a los artistas del ámbito teatral.


Sofía Paniagua,

Estudiante de artes dramáticas de la Universidad de Costa Rica.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

No, no es lo mismo.

 



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Antes de que empezara la cuarentena como resultado de la pandemia, solía ir al teatro los fines de semana. Para mí era esa oportunidad para disfrutar de una buena obra, aprender de diversos temas, despejar mi mente de la cotidianidad propia de la semana, compartir con amigos y amigas, y relajarme.



Esa realidad cambió. Durante los primeros meses del proceso de cuarentena, la actividad teatral de mi país – Costa Rica - se detuvo totalmente. Y si bien posteriormente se flexibilizaron algunas medidas, seguía siendo complicado que las compañías de teatro pudiesen dar sus espectáculos al público desde las salas de teatro o espacios físicos.



Los horarios permitidos no eran convenientes, los costos de realizar la obra podían ser mayores a los ganancias (dadas las nuevas reglas de juego), la restricción vehicular complicaba la circulación de las personas, y pues no se puede negar que muchas personas preferían no salir de casa para cuidar su salud y la de sus seres queridos (me incluyo).



Ante la situación anterior, ¿qué podían hacer nuestros artistas de teatro? Pues bien las opciones no eran muchas. Sin embargo, de forma maravillosa muchas compañías y grupos de teatro empezaron a reinventarse. Fue así como empezaron a utilizar medios virtuales para la transmisión de sus obras de teatro, como por ejemplo, transmisiones en vivo mediante Facebook Live.



Suena extraño: transmisión de obras de teatro. O al menos es extraño para mí que las disfrutaba de forma presencial en las salas de teatro. Y es que para mí, si bien ha sido increíble ver los resultados de las transmisiones en vivo y ser testigo del gran esfuerzo que están haciendo los artistas, no es lo mismo el teatro por redes sociales al teatro presencial en un espacio físico.



En lo personal, extraño el contacto con los artistas, verles en vivo a unos cuantos metros de mi silla, la conexión que se da entre los artistas y asistentes. Extraño también las escenografías que recrean los espacios donde ocurren los actos, la iluminación, la musicalización, en fin toda la ambientación. Y también extraño ese espacio de mi semana donde el teatro era esa oportunidad para compartir con otras personas, aprender de temas diversos, reflexionar, reírme y cambiar la rutina.


No, no es lo mismo. El teatro virtual y el teatro en espacios físicos son diferentes, y espero que en un día no muy lejano podamos regresar a las salas de teatro, apoyar a nuestros artistas y continuar aplaudiéndoles desde nuestras butacas.



Silvia Leal Acuña

Adm. de Empresas

Estudiante de Fotografía


miércoles, 3 de junio de 2020

Teatro para todo




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Es muy curioso pensar: qué es lo que se aprende en teatro y para qué se aprende. Creo personalmente, que todas las herramientas teatrales que he adquirido al pasar del tiempo, no solo me han ayudado a la hora de estar de pie en un escenario enfrentándome en una situación ficticia, sino también en otros ámbitos profesionales. He tenido que recurrir a estas herramientas para un resolver algo en la realidad.
Para empezar, una estudia teatro para hacer teatro en una primera instancia. La institución, académicamente hablando, nos enseña como poder acercarnos a un personaje, abordar las circunstancias de distintas maneras, afrontar un texto escrito y apropiarse de él… asimismo se ven distintas técnicas de interpretación y estilos. Además de la incorporación de un entrenamiento físico que nos proporcione la capacidad de adecuar nuestro cuerpo a situaciones extra cotidianas ajenas a nosotros. También, identificar todas las posibilidades vocales que tenemos y su adecuado manejo en el escenario. De la misma forma la parte teórica es un complemento que nos ayuda a comprender la práctica desde la razón para lograr sistematizar lo aprendido. Esto ha sido para mí muy importante ya que, logar un equilibrio entre ambas metodologías contribuye a mi formación y al reconocimiento de los aspectos que me funcionan dependiendo a las necesidades escénicas en las que estoy trabajando.
Igualmente, la experiencia adquirida en montajes y en otras producciones independientes han fortalecido mi educación en áreas que tal vez la academia no me ha dado a profundidad como la parte de publicidad, gestión cultural, los diseños y su uso dentro de las producciones escénicas en la calle.
En mi proceso profesional he tenido la oportunidad de poder utilizar ciertos conceptos que me ha enseñado el teatro como la observación y la escucha. En teatro estas nociones me ayudan a resolver conflictos en improvisaciones o dentro de una escena, pero, es muy útil cuando se tiene que dar clases a niños o a adultos. Cada persona es diferente y muchas veces se pasan por alto las necesidades individuales y estos dos conceptos nos dejan identificar y empatizar con los demás, trabajando en conjunto para satisfacer a cada uno.
Por ejemplo, la utilización de las “dramatizaciones” en clases de idiomas es muy útil para que los alumnos comprendan los contenidos y lo asimilen en pequeñas representaciones y así se pueda aprender de una manera lúdica y dinámica. Se incentiva la colaboración en proyectos y la repartición de tareas.
Luego, el simple hecho de estar en una reunión me ha significado aplicar los conocimientos de manejo de la voz para adecuarla a la cantidad de personas que se encuentran en una sala, tanto el volumen como la articulación de palabras ha sido importante para que cada persona entienda lo que digo y haya una comprensión del discurso.
Para finalizar, me he dado cuenta que gracias al aprendizaje del teatro puedo encontrar soluciones a problemas de la vida real a partir de la creatividad y esto me lleva a dar varias opciones para encontrar la mejor. Cuando se enseña y se recibe teatro se aprende a construir puentes, combinando lenguajes entre otras disciplinas y llegar a más gente.

Yingry Rodríguez J.
Bachiller en Lengua Francesa
Estudiante de Artes Dramáticas

miércoles, 27 de mayo de 2020

El teatro como camino de reflexión



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Normalmente, no suelo firmar lo que escribo con todas las profesiones a las que me dedico, porque entiendo perfectamente que puede resultar confuso para el lector. Sé que tanta variedad incluso puede dar la impresión de indecisión o falta de seriedad; pero la verdad es que soy un ser insaciable, entonces parte de mi naturaleza es andar recorriendo múltiples caminos para aprender cosas nuevas, compartir con gente diferente y enriquecer mi vida con distintas perspectivas.
Hace unos días le comenté a un amigo que, en determinado momento, pensé que nunca más daría clases ni haría teología. Sin embargo, estos últimos meses se encargaron de demostrarme lo contrario (porque, por diversas circunstancias de la vida, regresé al ámbito educativo por un tiempo). Y la experiencia ha sido muy enriquecedora, pues me ayudó a recordar cuánto me apasionan ambas actividades. Pero es curioso, pues ahora tengo claro que esos rumbos ya no son mi camino. Puedo visitarlos de vez en cuando; los disfruto y me llenan mucho, pero ahora mi rumbo es otro.
Algo bastante similar me sucede con el teatro: es un camino que no es mi camino, pero me encanta visitarlo porque me ayuda a crecer como persona. Me ha sucedido muchas veces que, al ver cuánto disfruto el mundo del teatro, hay quienes me preguntan: ¿y usted qué? ¿Cuándo se va a animar a actuar? Sinceramente actuar no es para nada algo a lo que aspire, porque no es mi camino, pero sí me encanta visitar el mundo del teatro de vez en cuando. Y la razón por la que tanto me gusta visitarlo es la que escogí como título de este texto: el teatro es un excelente camino de reflexión.
Todas las obras que Raíz Teatro nos ha ofrecido a lo largo de los años son eso: oportunidades privilegiadas para reflexionar. Hay personas que prefieren el teatro de comedia porque buscan el teatro sólo cuando tienen ganas de reír (y es un deseo totalmente válido), pero Raíz Teatro siempre busca algo más. No es que el humor no esté presente en sus creaciones (porque más bien se caracterizan por un humor muy fino), pero incluso las risas tienen el propósito de invitar a la reflexión. Y, como he dicho en otras ocasiones, colaborar en Raíz Teatro me ha permitido ver reacciones muy diversas en el público: no sólo risas, sino también llanto, satisfacción, confusión, alegría, angustia y paz, entre otras. Pero todas buscan eso: hacernos reflexionar.
Cuando pensé en este texto, mi idea original era describir brevemente algunas de las reflexiones concretas que habían pasado por mi mente al ver distintas obras de Raíz Teatro. Sin embargo, eso requeriría un texto mucho más extenso del que este pretender ser. Y, además, prefiero no predisponerlos con mis reflexiones; me gustaría más que ustedes hagan las suyas propias cada vez que visiten el fascinante camino del teatro.
Lo que sí quiero decir es que espero con ansias la nueva producción de Raíz Teatro acerca del tema de la muerte. No conozco el título ni tampoco me he podido involucrar mucho en su proceso de preparación (justamente porque este año me tocó vivir el proceso de enfermedad y muerte de mi papá, entonces hace unos meses ese era un tema del que no tenía muchas ganas de hablar).
Mi papá y yo éramos muy unidos; él siempre me apoyó de manera incondicional y teníamos muchos gustos en común, por lo que disfrutábamos al máximo cada momento que pasábamos juntos. Lo extraño mucho y me ha costado mucho acostumbrarme a vivir sin él, pero lo que más me llena el corazón es que él siempre me motivó a tener esperanza, aún en medio de los momentos más difíciles. De hecho, desde hace meses quería hacerme un tatuaje en honor de mi papá; en honor de lo unidos que siempre fuimos y de esa esperanza que siempre me inculcó. Y La Niña Pájaro (la pueden encontrar en Facebook con ese nombre) me ayudó a materializar este tatuaje tan hermoso (foto de este artículo).
Originalmente, yo había pensado poner un sol dentro de la silueta del corazón para simbolizar la esperanza, pero la tatuadora me sugirió esa flor y me encantó la idea: las plantas son una bella expresión de vida, crecimiento y esperanza.

En fin, les cuento todo esto porque me da la impresión de que la próxima producción de Raíz Teatro abordará el tema de la muerte desde esa perspectiva: el agradecimiento infinito por los momentos compartidos con nuestros seres queridos y la esperanza de que ni siquiera la muerte es capaz de borrar la huella de amor que han dejado en nuestros corazones. Para algunos, la incógnita principal en este tema es si hay o no una vida distinta después de la muerte. Ese es un tema que sería interesante discutir teológicamente, pero tampoco me alcanza la extensión de este escrito para desarrollarlo en este momento. Para mí, lo principal es que esas personas que amamos siguen presentes en nuestra vida en la medida en que su recuerdo nos impulse a practicar ciertos valores, ser solidarios y enfrentar los obstáculos de la vida con la mirada siempre hacia adelante.
Por todo lo anterior, aunque no sé cuándo volveremos a ver en escena a Raíz Teatro, desde ya los invito a estar pendientes de su próxima producción. Les aseguro que será un provechoso camino de reflexión.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Enseñando y aprendiendo en el teatro. Una experiencia con mujeres adultas mayores.


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Desde hace algunos años vengo trabajando con un grupo de adultas mayores. Tuve la oportunidad de realizar con ellas la investigación para mi tesis de maestría y luego quedarme con el grupo para explorar diferentes actividades como expresión corporal, baile, ejercicio y juegos.

Voy a definir la expresión corporal como una actividad física, lúdica y artística que permite expresar y comunicar de manera creativa, de acuerdo con la propia capacidad y vivencia de las emociones, pensamientos y sensaciones de cada individuo. También defino expresión corporal como la forma en que se percibe el cuerpo, mientras se da un autoconocimiento del mismo.

Desde esa definición se puede ir desmenuzando los beneficios que brinda dicha actividad, ya que en ella se ven implicadas las áreas: física, psicológica y social de la persona. Beneficios como: la exploración del propio pensamiento, movimiento en el espacio, límites, relaciones con otros, creatividad, comunicación, mejora en el área cognitiva, bienestar general entre otras. (García, Pérez y Calvo, 2013; Herranz y López, 2015; Learreta, Sierra y Ruano, 2005; Montávez, 2011; Ramos, Cuéllar y Jiménez, 2012; Sánchez y Coteron, 2012; Stokoe y Harf, 1984).

En mi investigación encontré en las participantes de este grupo una disminución significativa en los afectos negativos (que se refiere a sentirse temeroso, de malas, avergonzado, inseguro, entre otras); así como comentarios positivos acerca de las actividades; por lo tanto, se evidenció que la expresión corporal genera beneficio en la salud de las mujeres adultas mayores y en el bienestar general.

Ya para hoy, no estoy midiendo con escalas, ni cuestionarios, pero sí mediante la observación. He encontrado una mejora a nivel cognitivo en este grupo de participantes, ellas pueden llevar una secuencia de movimientos con cuentas musicales y presentar una coreografía sin tener que dirigirlas al frente, algo que hace 3 años parecía que no podían lograrlo. Son adultas mayores que, con el paso de los años y la práctica, han obtenido beneficios también en la atención, en el acatamiento de instrucciones, en el manejo de su cuerpo y en la memoria.

Por otro parte, he observado mejora en la autopercepción y autoestima en muchas, las cuales se sentían incapaces de bailar o coordinar una secuencia. Se han presentado en público con los bailes basados en movimientos de actividades cotidianas, convirtiéndose en algo que yo llamaría baile-expresión corporal. Siempre han recibido aplausos y felicitaciones, esto en defitinitva, les ha dado mucha autoconfianza y sobre todo motivación para continuar participando.

Yo ya había confirmado en mi investigación que el bienstar es más y mejor, sin embargo, a pesar de que pasan los años, sigo observando mejora después de la actividad. Muchas llegan tristes, con dolores, problemas y lo manifiestan previo a la clase; mientras que al final se van con una sonrisa, diciendo sentirse mejor y muy contentas.
Yo como profesora, creo que soy la que mayor bienestar siente. La satisfacción de verlas lograr sus presentaciones de acuerdo a sus capacidades, verlas sonreír, disfrutar, reírse y esforzarse; me llena muchísimo. La creatividad de muchas de ellas es fundamental para la construcción de las historias que contamos en los bailes, por lo que yo me enriquezco de sus vivencias, historias de vida, luchas y sobre todo, he aprendido a expresarme mejor y pedir (o dar) una indicación de diferentes maneras. He aprendido a respetar el tiempo de aprendizaje de cada una y a aprender de cada una. La alegría de ellas es lo que más alegría me da Siempre con un abrazo me dan las gracias y yo por mi parte, soy la que les agradece a ellas, por su cariño y sobre todo por enseñarme.

Máster Perssis Sheik
Docente, Actriz y Gestora Cultural


Referencias:

García, I., Pérez, R. y Calvo, A. (2013). Expresión corporal. Una práctica de intervención que permite encontrar un lenguaje propio mediante el estudio y la profundización del empleo del cuerpo. Retos: nuevas tendencias en educación física, deporte y recreación, (23), 19-22.
Herranz, A. y López, V. M. (2015). La expresión corporal en educación infantil. La Peonza: Revista de Educación Física para la Paz, (10), 23-44.
Learreta, B., Sierra, M. Á. y Ruano, K. (2005). Los contenidos de Expresión Corporal. Barcelona: INDE.
Ramos, F., Cuéllar, M. y Jiménez, F. (2012). Nuevos retos en el desarrollo curricular de la expresión corporal. EmásF: revista digital de educación física, (14), 142-149.
Sánchez, G., y Coterón. J. (2012). Un modelo de intervención para una motricidad expresiva y creativa. Tándem, (39), 37-47.
Stokoe, P. y Harf, R. (1984). La expresión corporal en el jardín de infantes: Cómo soy y cómo era. Paidós.

miércoles, 22 de abril de 2020

FLUJO CIRCULAR DE LA EXPERIENCIA PEDAGÓGICA TEATRAL




Como ser humana educada en una pedagogía artística, como actriz y pedagoga escénica he experimentado desde el punto de vista del discente, así como desde la perspectiva de la persona facilitadora.

He vivido en carne propia qué se aprende, qué se enseña y qué se recibe cuando se asiste a clases de teatro; y cuando se dan clases de teatro.

Si bien no es lo mismo recibir clases de teatro en la escuela o en el colegio, que entrar a una academia de teatro a tomar cursos, que llevar la carrera de teatro en la universidad para convertirse en un profesional de las artes escénicas. Tampoco es lo mismo facilitar esos procesos pedagógicos, pues sus objetivos son muy distintos.

Sin embargo, hay ciertos vínculos, experiencias, emociones y habilidades que traspasan a cualquier ser humano que experimente en el teatro, desde cualquier estructura pedagógica.

Para mí, sea cual sea la estructura, funciona de manera recíproca; es cíclico, así como el flujo circular en una economía. Ese flujo circular permite observar cómo se relacionan los agentes. En nuestro caso escénico, nos permite observar la relación entre la persona facilitadora y las personas participantes, así como entre las personas participantes entre sí.

Cuando se enseña teatro ¿qué se recibe?

Muchas interrogantes, abundante energía, mucha convivencia, diferentes perspectivas y puntos de vista sobre un mismo tema, mucho aprendizaje, muchas ideas creativas, nuevas formas de verse a una misma, otras maneras de apreciar a las demás personas, otra capacidad de escucha, otras posibilidades de comunicación, más conciencia de las emociones propias y de las emociones de los demás, muchas personas con quien compartir y debatir tus ideas y experiencias sobre el teatro, y muevas posibilidades de aprendizaje ante la vida.

También puedo contarles qué recibí cuando estuve en clases de teatro, a lo mejor les sorprendería leer que en mi experiencia tuve muchas interrogantes, abundante energía, mucha convivencia, diferentes perspectivas y puntos de vista sobre un mismo tema, mucho aprendizaje, muchas ideas creativas, nuevas formas de verme a mí misma, otras maneras de apreciar a las demás personas. Desarrollé la capacidad de escucha, desarrollé otras posibilidades de comunicación, más conciencia de las emociones propias y de las emociones de los demás, muchas personas con quien compartir y tener una convivencia desde la honestidad, debatir ideas y experiencias sobre el teatro, conocer mi propio cuerpo, concientizarlo como un instrumento psicofísico, en fin, encontrar nuevas posibilidades de aprendizaje ante la vida.

¿Similares los regalos de la pedagogía teatral para quien está inmerso en ella no?

Que hermoso es el teatro que te permite aprender, apropiarse y facilitar mientras convivís en la pedagogía escénica. No importa que rol desarrollés, no importa si sos una persona facilitadora, o sos participante, lo que importa es que estás ahí. En el aquí y el ahora, en el espacio escénico, amoral, de manera recíproca, cíclica, en un ganar o ganar, dentro del flujo circular de la experiencia pedagógica teatral.


MSc Janil Johnson Vargas

miércoles, 18 de marzo de 2020

Como la pomada canaria.


Un par de veces me he encontrado al colega Carlos Miranda (o Carlitos) conflictuado al no saber si está bien disfrutar de una canción de Michael Jackson por las implicaciones morales. Y lo entiendo, es un tema delicado, tan delicado que no voy a hablar de eso en particular. Sin embargo quise comenzar por acá ya que hablar de enseñanza o aprendizaje de teatro (y las artes en general) es un tema muy hermoso, pero que creo que puede engañar.
¿El arte puede desarrollar la sensibilidad en las personas? Por supuesto que sí, pero eso no limita el hecho de que muchos artistas hayan sido conocidos por ser personas poco empáticas, algo déspotas o violentas (y cosas peores). ¿Practicar algún arte nos puede ayudar a desarrollar habilidades sociales como la comunicación o el trabajo en equipo? Claro, aunque existen personas artistas egocentristas, que no están dispuestas trabajar o colaborar con nadie. O por otra parte, grandes escritores que eran incapaces de sostener una conversación con otro ser humano en vivo pero en el papel se comunicaban con la mayor fluidez del mundo.
Fue durante el renacimiento donde la figura del artista, como un ser elevado, de un intelecto y sensibilidad superior; se volvió sumamente popular. Esta connotación se le sigue dando a muchos artistas pero hoy está más abierto al debate y se entiende que no hay ningún sentido divino o de superioridad en aquellas personas que encuentran su profesión en el quehacer artístico. Eso sí, a la práctica artística se le ha dado esta nueva visión trascendente y sanadora, cargada de un sin número de beneficios que recuerda a la pomada canaria.
En un mundo ideal las personas deberían practicar un deporte y un arte como parte integral de su vida. Los beneficios a la salud que producen dichas prácticas han sido demostrados y rectificados a lo largo de los años en diferentes investigaciones. Sin embargo, no se puede creer que por realizar deporte ya no se tiene que ir al doctor; o que las propiedades terapéuticas del arte pueden substituir cualquier ayuda psicológica que se necesite. De igual manera cuando se realizan programas sociales, de esos que llevan arte a zonas de riesgo social; se debe entender que es solo una de las múltiples estrategias para ayudar a estas poblaciones.
Aprender un arte puede ser liberador, una oportunidad para crecer y aprender, un encuentro con uno mismo, una forma de subir el autoestima (o inflarse el ego), puede ser una agradable distracción o la excusa perfecta para que los carajillos no pasen todas las vacaciones en la casa “rascándose la panza”. Aprender un arte puede ser todo eso y muchos detalles más. El ser humano es complejo, cualquier actividad humana es compleja. Como el asunto de Michael Jackson – sus canciones y su vida-, es complejo.
Si está pensando en pagarle clases de alguna expresión artística a sus hijos, hágalo; pero que no sea una forma de compensación ante algún problema familiar. Si quiere aprender danza para despejarse y poder lidiar con el estrés, estoy seguro que le servirá, pero también pregúntese que le causa esos estados y como los podría solucionar.
En una sociedad donde las enfermedades mentales están en aumento, no utilicemos las prácticas artísticas como un paliativo. Más bien (ojalá) utilicemos el arte como una manera de ganar conciencia sobre nuestros problemas, miedos e inseguridades; por ejemplo. Estudiar arte ayuda a empoderarnos y a actuar de menara integral ante la sociedad y nuestros problemas.
Estefan Esquivel
Dramaturgo y Actor




miércoles, 4 de marzo de 2020

Aprendo-enseño-investigo


Cuando se ingresa al aula lo común es observar mesas, sillas, pizarras y demás implementos usuales de la educación formal. Esta no es la realidad teatral.
Como educadora especial y docente de teatro he tenido la oportunidad de vivenciar ambos espacios y nutrir con conocimientos adquiridos en uno, el otro. Es decir, el teatro debería atravesar al sistema educativo y viceversa.
El aprendizaje, sin importar la edad o contenido debe tener como elemento esencial: la motivación. Sin motivación no aprendemos de manera significativa, lo que hace que muchas veces esos conocimientos adquiridos en clase se queden en el examen y en “pasar el año”.
Es ahí donde el teatro es una herramienta poderosa que permite a quienes lo experimentan, jugar y crear nuevas relaciones con su cuerpo y el de otras personas. Por lo tanto, al utilizar elementos del teatro en la clase de matemáticas o biología, es más fácil comprender el trabajo en equipo, la empatía, el respeto y contenidos de la materia; de una manera vivencial.
Ahora, si el teatro es un espacio de menores barreras formales y burocráticas, ¿Cómo planificamos las lecciones los docentes de teatro?
Sin lugar a duda no se puede asumir desde el mismo lugar que una clase de español o de estudios sociales, se debe asumir desde la claridad de la sorpresa, elemento vital de quien aprende o enseña teatro. Nunca sabremos cómo reaccionarán quienes realicen nuestros ejercicios, la improvisación se encuentra presente en cada una de las lecciones de teatro.
Entonces, si usted es docente de teatro, quisiera hacerle las siguientes preguntas:
  • ¿Tiene claridad de los objetivos del curso que imparte?
  • ¿Planifica usted las lecciones antes de impartirlas? ¿Lo escribe o solo lo piensa?
  • ¿Conoce la forma correcta de redactar objetivos y generar un planeamiento?
  • ¿Lleva crónicas del trabajo realizado y de los principales logros y necesidades de sus estudiantes?
  • ¿Autoevalúa su labor docente?
Si no pudo contestar de manera positiva o clara ninguna o alguna de estas preguntas, está bien, a todos nos ha pasado.
Todos tenemos una forma de trabajo distinta y es válido. Sin embargo, es claro que la formación universitaria teatral tiene una deuda pendiente con sus estudiantes en relación con la planificación y la pedagogía, lo cual es grave.
Si, es grave, principalmente porque la docencia es una de las principales opciones laborales de nuestro gremio. Lamentablemente tendemos a afrontar grandes proyectos educativos sin tener claridad de los objetivos del curso que impartimos, improvisando, “viendo a ver que sale” y generando, sin tener una mala intención, procesos a medias…
Ah, muy importante, planificar en la mente no es suficiente.
Debemos recordar siempre que cuando planeamos, no lo hacemos pensando solo en mi organización de ideas para ejecutar de mejor manera una clase. Planificar, es unta tarea que debemos hacer también para, en caso de que no podamos impartir la lección, alguien más pueda guiarse y cumplir con los objetivos manera más efectiva; por ejemplo.
Y si, escribir importa, sistematizar importa. Escribir y sistematizar hacen la diferencia en los resultados y en los análisis de los procesos que llevamos a cabo. Escribir y sistematizar convierten los procesos de enseñanza en procesos investigativos. Al final, enseñar es investigar.
Si usted desea ser docente de teatro, si usted es docente de teatro, tiene la obligación de aprender a planificar, evaluar y buscar constantemente espacios de capacitación y mejora.


Licda. Cristina Barboza Jiménez
Educadora especial, teatrera



El rumbo de producir (Raíz Laboratorio 4)

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