miércoles, 17 de julio de 2019

Escritura dramática para teatro infantil



CONVERSATORIO:
Escritura dramática para teatro infantil
Escuela de Artes Dramáticas, UCR. 18 de junio del 2019


¿Por qué escribo o hago un espectáculo para niños?
Creo que ésta es una reflexión poco hecha en nuestro país. Para comenzar, la literatura, la dramaturgia y los montajes para niños no pueden verse por separado, están profundamente relacionados. Sin embargo, la creación para niños ha estado abandonada por mucho tiempo por las instituciones oficiales y la promueve de manera aislada.
Al observar la cantidad y permanencia de programas o espacios que promueven las instituciones para esta población, me pregunto cómo estamos concibiendo a la infancia en tanto que sociedad. Si se les toma en cuenta desde sus características específicas, si los vemos integrados y partícipes de la colectividad, o si se les ve tan solo como seres diferentes o peor aún, como seres inferiores.
Para responder a la pregunta inicial, pienso que hago creaciones para niños primero que todo, porque encuentro placer en hacerlo, porque me parezco y me identifico con ese público, porque tengo un compromiso personal con la realización de sus derechos y además porque los conozco. Al escribir, me encuentro con la inocencia, la ternura, la fantasía, una potente capacidad de asombro, una naturaleza inquieta por cuestionarlo todo, características que me abren un terreno fértil de creación y a la vez me tienden un reto. No hay personas en el mundo que comprendan mejor el juego que ellos y no debemos olvidar que en el teatro nuestro trabajo es jugar.
La niñez es un público exigente, sin inhibiciones ni hipocresía. Están llenos de vitalidad, curiosidad, imaginación, son generosos, reactivos y francos. Los niños tienen mayor apertura a experiencias nuevas que los adultos. Pueden ser más abstractos que nosotros y comprender mejor el mundo a su manera, desde lo poético y lo simbólico. Nos permiten inclusive hacer cuestionamientos existenciales más directos, que los que hacemos para los adultos.
Al escribir para ellos estamos compartiendo una parte de nosotros, nuestra mirada sobre algo en el mundo. Desde su inocencia, algunos niños pueden mezclar realidad y ficción, por ello los que creamos para la infancia tenemos la responsabilidad de hablar desde lo emotivo con metáforas y belleza, con palabras sencillas y situaciones concretas, pensando a qué edades estamos hablando. Tratarlos como si fueran todos iguales, es ignorar la diversidad que los caracteriza, no respetar su desarrollo ni comprender sus necesidades e intereses. Según la investigadora teatral mexicana María del Socorro Merlín “El teatro para niños es un trabajo profesional, de calidad, es un compromiso y una responsabilidad mayor que el teatro para adultos, porque estos ya tienen parámetros para juzgar las obras y aceptarlas o rechazarlas. Los niños forman estos criterios con lo que se les ofrece. Si el teatro que se les brinda es de calidad ínfima, viciarán su marco de referencia. Es como darles un alimento chatarra o en descomposición, en lugar de uno nutritivo y agradable; si los alimentos de mala calidad les hacen daño, el teatro mal hecho también.”
Cuando uno escribe para niños, no se debe olvidar que escribe también para los adultos que los acompañan. Las generaciones se entremezclan en la sala. Al escribir debemos comprender que los niños son personas que comienzan a conocer el mundo y las reglas sociales de la comunidad en la que viven y de paso, podemos también aprovechar para hablarle a ese niño que vive aún en las personas adultas.
Sería positivo para el desarrollo de la especialización del teatro familiar en nuestro país, romper con las ideas preconcebidas que existen sobre la infancia y sobre “cómo” es o debe ser el teatro infantil según los referentes que tenemos, probablemente de nuestra misma infancia. Dejar atrás la creencia de que los niños no son capaces de comprender un tema, que el teatro para niños debe ser pedagógico y moralizador; y en vez de dar moralejas, tratar de moldear su comportamiento y decirles qué pensar. Busquemos inquietarlos racional y estéticamente, mostrando situaciones que abran el diálogo y planteen más preguntas que respuestas. Y por supuesto, confiemos en ellos y en su capacidad de interpretar la realidad de nuestro mundo.
Entre los temas que queramos tocar se agradece, en nuestros tiempos, desarrollar historias que los apoyen en su crecimiento para que se ayuden a sí mismos a superar sus miedos, e inclusive crear un espejo para que los adultos que los acompañamos, nos miremos de otra manera. Dejemos la censura y los tabúes sobre ciertos temas, esa usual costumbre entre lo que se debe mostrar a los niños y lo que no; como si tuviéramos la posibilidad de esconder la realidad. Abordemos problemas cercanos a la vida de los niños, a su entorno y contexto. No temamos hablar de temas políticos, sociales, y emocionales con ellos... eso sí, sin panfletos, con poesía. Tomemos una posición al respecto y busquemos indignarlos ante la injusticia, promoviendo historias que contribuyan a la formación de personas más empáticas y solidarias, que les permita verse a sí mismos en los personajes o situaciones; ofrezcamos un espacio para la reflexión, para autocriticarse, para rebelarse y ser menos “obedientes”. En resumen, es nuestro deber ayudarles a abrir las puertas al mundo.
Por otro lado, no es un secreto que el teatro infantil sigue enfrentándose a la desigualdad. Ejemplo de ello es su presencia en la cartelera de las salas, el precio diferenciado de los boletos, las tarifas que deben cobrar las compañías teatrales y los actores para entrar en la programación de diversos festivales, la poca presencia que tiene en programas del estado, etc.
En éste sentido, el concurso de Dramaturgia de Teatro Infantil hecho por la escuela de Artes Dramáticas de la Universidad de Costa Rica, es un espacio necesario para desarrollar la especialización del teatro familiar en el país. Es fundamental que existan espacios como éstos, carentes de objetivos educativos o comerciales hacia los niños, que den cabida a proyectos arriesgados y que alienten e inviten a crear un nuevo paradigma, y que sobre todo devuelvan el valor y respeto a los niños.
Ojalá ésta experiencia se extienda a las aulas, y genere experiencias que permitan hacer reflexión en el quehacer artístico de estudiantes y docentes; que no se quede solamente en un concurso susceptible de desaparecer como todos los programas, proyectos y salas que aparecieron como esporas en otras instituciones del estado.
Los niños y los adolescentes son una población esencial que está formando su juicio ético y su pensamiento. La universidad no solo tiene la responsabilidad de formar a futuros teatristas respetuosos de TODOS los públicos y de hacer comprender a sus estudiantes la importancia de crear nuevas audiencias que mantengan a futuro las salas llenas y el oficio vivo. Sino, de avanzar hacia una nueva visión del desarrollo teatral, en el cual el concepto de “teatro infantil” se tome en serio y se desbaraten los estereotipos que se han formulado desde hace años en torno al quehacer teatral para niños.
Si éste concurso se mantiene, la UCR haría a un lado el interés nulo que tienen por la infancia muchos investigadores, para promover a nivel nacional un cambio en la percepción que existe respecto a la forma de concebir un texto, el modo en que se presentan y representan ciertos temas al público infantil, y establecer un espacio intelectual y creativo para derribar prejuicios y transgredir la censura cuando se habla al público infantil, para ofrecerles la posibilidad de crecer más libres y con menos condicionamientos.
Como dijo el dramaturgo alemán de teatro infantil Volker Ludwig: “El teatro no puede cambiar el mundo, pero puede llenar los corazones, los sentidos y el raciocinio de nuestros niños y adolescentes con la certeza de que el mundo puede cambiarse. Y eso es algo por lo que vale la pena luchar.”


Kembly Aguilar
Compañía La Bicicleta

miércoles, 10 de julio de 2019

¿Por qué no dejé el teatro?


El teatro entró en mi vida en la niñez. No sólo como espectadora, sino que desde la escuela tuve la oportunidad de experimentar en la escena. Hice la escuela primaria y secundaria en el Conservatorio de Castella, donde el estudiantado recibe música, artes plásticas, danza y teatro como parte del currículo a cursar.

Las herramientas escénicas que recibía en clases, me resultaban muy útiles para seguir creando en casa. Para mí, en las clases de teatro, recibía insumos de juego. Llegaba a la casa e inventaba mis propias obras de teatro, según los temas que me interesaran en ese momento, o los que proponíamos con el grupo de vecinas y vecinos que jugábamos juntos.

En la secundaria, en noveno año, tuve que elegir una disciplina artística para especializarme durante los próximos dos años y graduarme. Aquí pude haber dejado el teatro, pero ¿cómo dejarlo? Empecé a estudiar teatro, porque era obligatorio, era otra materia más que debía cursar. Pero era una obligación que disfrutaba. ¡Tanto!, que cuando tuve que elegir, no fue difícil elegirle. Me encantaban las artes plásticas, pero el teatro era lo máximo.

Sentí que con el teatro podía tocar el tema que yo quisiera, decir lo que yo pensaba, dar mi mensaje, ser emisora; y la maravillosa dinámica escénica me garantizaba un público receptor, de mí dependía que tan atento y escuchando estuviese ese público y eso lo volvía muy interesante.

En una época donde no existían las redes sociales, decir lo que pensabas y ser escuchada, no era tan fácil como escribirlo en tu muro y armar desde el asiento la cyber-revolución. Menos si eras una niña o adolescente. Así que el teatro me resultaba una herramienta eficiente, eficaz y efectiva para alzar mi voz y hacerme escuchar.

Esa fue la característica del teatro que me enamoró, que me llevó a comprometerme y llenar mi vida de teatro. Me encantaba el vestuario, el interpretar a otros seres, me emocionaba al vivir una ficción e inclusive observar las ficciones que otras personas creaban; pero sobre todo me maravillaba la posibilidad de comunicarme.

Y aunque ahora existe gran variedad de redes sociales para decir lo que pensás y ser leída (o vista, o escuchada), la manera en la que el teatro traspasa a las personas es especial. El teatro cuenta con la ficción donde todo es posible, donde se pueden crear mundos inimaginables, donde las herramientas para hacer llegar el mensaje, son infinitas.

Luego vino la universidad, ahí pude entrar a cualquier otra carrera y meterme al grupo de teatro de la U, o haber dejado el teatro. Pero ¿Cómo dejarlo? Si me sentía enamorada de crear, comprometida con la ficción, quería una vida llena de teatro.

Entré a la Escuela de Artes Dramáticas de la Universidad de Costa Rica. Cuando finalizás la carrera, tenés que hacerte tu propio camino, porque los trillos no están tan marcados en el mercado laboral (si es que se le puede llamar así).

Algunas personas prefieren buscar caminos más explorados y abandonan el teatro. Yo tampoco pude abandonarle en ese momento. ¿Cómo dejarlo? Estando en mis últimos años universitarios había empezado a desarrollar proyectos de montaje con mis colegas y a tomar trabajos de pedagogía teatral.

Sentí que había encontrado otro vínculo más con el teatro: La posibilidad de compartir con otras personas, no sólo desde la escena que es un lugar exclusivo (en el sentido que el público teatral costarricense no es un público masivo. Por ejemplo, hay más personas que van a ver cine que a ver teatro). Sino que también desde la pedagogía.

Ese era un vínculo que iba en crecimiento y no quería abandonar. Quería compartir con las personas, la herramienta que yo había experimentado. Quería que otras personas descubrieran el teatro como una herramienta de comunicación y por ello, muchas veces de liberación.

Sentí que se lo debía al teatro. El teatro que me enamoró, con el que me comprometí, con el que llené mi vida. El teatro que me regaló la posibilidad de comunicarme. Así que empecé a tocar puertas y fui insistente, muy muy persistente para lograr obtener muchos trabajos que me permitieran mediar talleres de teatro y actuar.

Hoy con mucho esfuerzo, sigo teniendo varios trabajos pero son más estables y lo más positivo es que son en pedagogía teatral. Para las personas que trabajan en labores relacionadas al arte es normal tener varios trabajos para vivir y mantenerse.

Teniendo varios trabajos relacionados a la pedagogía teatral, creerán que ahora sí podría dejar de escribir textos, podría dejar de actuar, podría dejar de proyectar un mensaje al diseñar un vestuario… Pero no.

No puedo dejarlo, porque todavía sigo existiendo y sigo sintiendo esa necesidad de comunicar. Por eso, probablemente nunca podré dejarlo.

Empecé a estudiar teatro, porque era obligatorio, era otra materia más que debía cursar. Pero disfruté tanto de él, que cuando tuve que elegir, sin duda le elegí. Y cuando le tuve que volver a encontrar, a reinventar, hice mi propio camino, mi propio trillo para encontrarle. Y cuando era un esfuerzo extra, seguí, porque me da la posibilidad de comunicación, de transgredir la realidad con la ficción, de ser libre.

Janil Johnson Vargas



miércoles, 3 de julio de 2019

¿Por qué pagamos por un boleto de entrada para ir al teatro?






Soy directora y actriz de teatro; también soy gestora y productora cultural (y docente y bibliotecaria). Entre mis múltiples funciones también he realizado la de boletera, como muchos de mis colegas que también han pasado por ahí.

Sí, sentados en una mesita con un cajita y unos cuantos colones en “menudo”,
esperando que llegue alguien feliz porque va a ver una función de teatro.

Esa es la linda sensación inicial, y que deseamos tener siempre. Sin embargo, muchas veces desaparece esa esperanza y esa alegría. Sobretodo cuando días antes nos dicen frases como: “¡Ay, ¿Por qué tan caro?”, “Es que me parece muy caro el precio de la entrada”, “¿Cuándo me invita a ver teatro?”

Entonces, recuerdo como veo otros lugares repletos de gente,
pagando entradas al doble o al tripe o más;
de lo que cuesta una entrada al teatro.
Igual, seguimos ahí sentados en nuestra boletería improvisada
esperando que llegue alguien.

Que, ¿Por qué pagamos un boleto de entrada para ir al teatro?

Vamos por partes; con lo más general y básico.

A) Dejando claro de primera entrada que me estoy basando en grupos/compañías de teatro (mal llamadas independientes, para mi) que gestionan toda su labor. Es decir, grupos/compañías que no dependen de una institución pública o privada para solventar sus gastos de producción y pagos de honorarios. Como Raíz Teatro, una compañía interdependiente, que resuelve/gestiona sus recursos para poder realizar su trabajo.

B) La Producción. Es un proceso que puede durar meses (la preproducción, la producción y el cierre). En Raíz Teatro generalmente tarda entre 6-8 meses hasta el día del estreno, más un mes de funciones (y un año de giras).

Por ejemplo, en la preproducción se realizan actividades de gestión como: el lugar de ensayo, los horarios de ensayo, contratación de equipo artístico y general de la activad, coordinar y dirigir ensayos de al menos 2 a 4 días a la semana de entre 3 y 4 horas por día.

Luego, la etapa de producción conlleva (entre otras muchas actividades que quizá se me escapen) la gestión para lograr construir/adquirir: la escenografía, la utilería, el vestuario, las luces y el sonido; así como gestionar los posibles espacios para estrenar y tener temporadas de al menos 6 funciones.

Aquí, hago una pausa porque cada una de las actividades que mencioné anteriormente, requieren de un profesional en el área para lograr los objetivos. Estos profesionales son:

  1. Profesional en Dirección
  2. Profesional en Actuación
  3. Profesional en Producción
  4. Profesional en Gestión Cultural
  5. Profesional en Escenografía y Utilería
  6. Profesional en Vestuario
  7. Profesional en Luces y Sonido

Digamos que, cuando han pasado varios meses donde hemos ido construyendo nuestro proyecto (presentación de teatro); se deben ir gestionando las actividades y tareas para lograr estrenar, es decir, poner en escena frente al público; nuestro resultado artístico. Entonces entramos en un etapa de “Se viene el estreno”

C) El estreno. Para esta etapa, el equipo de trabajo en general, ya está realizando un engranaje de todos los detalles mencionados en el punto 2 más otros detalles como: la promoción y difusión del espectáculo (en medios de comunicación y organizaciones), la gestión de público, toda la parte de imagen: diseño gráfico, videos promocionales, gestionar el día y hora en que se grabará la función; y por supuesto: el mercadeo de las funciones (la venta de entradas en preventa). Estas, entre otras muchas actividades que quizá se me escapen.

Aquí, hago otra pausa porque cada una de las actividades que acabo de mencionar, requieren de un profesional en el área para lograr los objetivos. Estos profesionales son:

  1. Profesional en Community Manager
  2. Profesional en Diseño Gráfico
  3. Profesional en Producción Audiovisual
  4. Profesional en Gestión Cultural
  5. Profesional en Gestión de Públicos
  6. Profesional en Comunicación
  7. Profesional en Mercadeo

La semana antes del estreno, particularmente en Raíz Teatro, presentamos nuestro espectáculo a los miembros de Raíz y amigos cercanos; para someter nuestro trabajo a un ojo crítico que nos fiscalice y nos de el visto bueno para salir a escena frente al público.

D) La temporada. Ya pasados por las ansias/emoción/alegría del estreno. Nos enfrentamos a “La Temporada”, es decir, a los días que logramos colocar nuestro espectáculo en algún lugar para que acuda el público general a verlo. En esta etapa, el equipo artístico sobretodo, sigue con su ardua labor de intentar vender las entradas para que vayan a vernos.
Porque sí, además de actuar/dirigir/sertécnico/boletero/asistente; debemos ser vendedores de los boletos para lograr que vayan las personas a ver nuestro trabajo; pero sobretodo lograr el dinero para poder pagar(nos) nuestro trabajo.

Porque sí, así es como logramos los trabajadores del teatro interdependiente, pagar a todos los profesionales que he mencionado (mencioné solo 14, de fijo me faltan más, como el dramaturgo a quien hay que pagarle sus derechos de autor) para una sola producción.

E) Cierre. Luego de pasar por las etapas anteriores, viene la etapa del Cierre. Una etapa que por ser la última no deja de ser importante. Aquí, en Raíz Teatro, debo (porque como Directora General soy la encargada): cerrar caja, pagarle a todo el equipo (más de 14 profesionales), pagar el espacio que alquilamos, pagar la publicidad. También debo(mos) lavar el vestuario, reparar la escenografía/utilería/vestuario que se haya dañado, devolver escenografía/utilería/vestuario que nos hayan prestado, recibir facturas, dar facturas, enviar agradecimientos a quienes nos colaboraron de alguna forma; entre otras muchas actividades que quizá se me escapen.

Aquí, hago la última pausa porque cada una de las actividades que acabo de mencionar, requieren de un profesional en el área para lograr los objetivos. Estos profesionales son:

  1. Profesional en Contabilidad
  2. Profesional en Administración

Y así, de manera muy general y básica, hago un recorrido por la cantidad de profesionales involucrados en un solo proyecto escénico de Raíz Teatro (y que estoy casi segura deberían ser los mismos para mis colegas de otras agrupaciones). Más de 16 profesionales que se les debe pagar por su trabajo.

Y entonces la gente se pregunta: ¿Por qué pagamos por un boleto de entrada para ir al teatro?

Les dejo datos y números rápidos:

Nosotros los profesionales de las artes escénicas (actores y directores) ni siquiera salimos como profesión en el Servicio Civil o en la lista de “Salarios Base” del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) de Costa Rica. Todos en Raíz Teatro, tenemos mínimo el Bachillerato en Artes Dramáticas y existimos muchos con Licenciatura y Maestría. ¿Cómo calculamos nuestro salario? Bueno, usemos el salario base que dice el MTSS para un Bachiller: ¢553,000 por mes.

Algunos de los otros profesionales mencionados en esta nota sí cuentan con un salario base defendido por una ley (o colegio profesional), que bueno, varía considerablemente de profesional a profesional, pero digamos que ronde parecido al bachillerato antes mencionado.

Si el equipo total que trabajó para el proyecto fuimos, digamos, 18 personas; el dinero que necesitaríamos sólo para pagar salarios de los profesionales sería alrededor de ¢9,950,000

Digamos, que para una producción de pequeño formato, como las que hace Raíz Teatro, se van alrededor de ¢5,000,000. Pago de profesionales más producción, suman alrededor de ¢14,950,000

Cada día, hay menos espacios (teatros) para presentarse; así que hay que buscar otras opciones. Y como hay pocas, cada quien cobra lo que le da la gana por el alquiler. Pero digamos que para una producción de Raíz Teatro se paga por 6 noches de función alrededor de ¢700,000

Un gran/loco y muy muy general cálculo general de ¢15,650,000 por producción.

Casi 16 millones
Casi 16 millones de colones
16 millones

Si tenemos suerte y encontramos un espacio (“teatro”) que al menos le quepan 40 butacas (sillas) y que cada persona pague entre 5000-7000 colones por entrada y que SE LLENE CADA NOCHE (es decir, que vendamos todas las entradas); haciendo el cálculo con un promedio de ¢6000 por entrada, por noche; tenemos una “ganancia” de ¢240000. Por las 6 noches, una ganancia de ¢1,440,000; para pagar el trabajo de casi 18 profesionales que trabajaron por alrededor de 6-9 meses.


¡Ah!, Y ahora debemos cobrar el 13% del IVA

M. Ed. Katherine LaPey Peytrequín Gómez
Directora General y Artística Raíz Teatro


miércoles, 26 de junio de 2019

¿Por qué estudié teatro?


La verdad, voy a ser sincera, cuando era pequeña quería ser actriz. Nunca había asistido al teatro pero yo quería llegar a estar en un escenario. Fue en ese momento que decidí entrar en algunos cursos libres de teatro durante las vacaciones escolares para saber si realmente me gustaba. Finalmente, cuando hice la gira universitaria que realizó mi colegio (en décimo año) para ver la oferta académica y me vi en el stand de Artes Dramáticas de la Universidad de Costa Rica. Me llevé el programa de estudio a la casa, el cual aún conservo. Cuando llegó la época de entrar a la Universidad, fui a averiguar de la prueba específica para entrar a la carrera de teatro y bueno… ¡me aceptaron!


Ese fue el inicio. ¿Cuál fue la razón? Hasta ese momento no lo tenía clara. De hecho, algunos detalles nunca los pude tener claros; sobretodo porque no tenía ni 20 años. La razón era sólo un sentir y no algo que pudiera verbalizar.

Me sucedió en algunas ocasiones que, cuando decía que estudiaba - o había estudiado – teatro; me preguntaban: “¿Eso se estudia?”, “¿No sabía que es una carrera?” Pues sí, es una carrera universitaria: 4 años para Bachillerato y 5 años para Licenciatura (como todas las carreras en la Universidad de Costa Rica).

La formación como profesional del teatro permite trabajar en: actuación, dirección, maquillaje, lo técnico en cuanto: luces, sonido, audiovisual; escenografía, vestuario, gestión y producción cultural, locución, dramaturgia (y escritura de guiones), docente en cursos como: Uso y manejo de la voz, Expresión Corporal, Teatro para: niños, jóvenes, adultos mayores; Promotor de la Salud a través del teatro; entre otros. Ser profesional del teatro requiere de: entrega, tiempo, estudio, entrenamiento, investigación, lectura, observación, disciplina y múltiples tareas más para lograr un resultado escénico.

Algunos años después de graduarme; tuve la oportunidad de trabajar con la compañía (a la cual pertenezco actualmente): Raiz Teatro. Es aquí donde logré tener más experiencia como actriz. Además con tener vivencias personales que me llevaron a encontrar razones que me hacen feliz y me llenan.

Hoy puedo decir que el teatro es un arte, un transformador social que llega tanto a quien lo hace como al que lo observa. En el, se reúnen distintas formas de expresión artística: música, vestuario, baile, artistas que interpretan, que dirigen, que escriben. El teatro es una amplia riqueza estética en una sola representación. Para mí hacer teatro es reparador, es terapéutico, es un reto, es algo que me completa, me permite entregar, recibir y sentir.



miércoles, 19 de junio de 2019

Sanar A Calzón Quita’o




-¿Nos quedamos estudiando hoy para el examen de Patología Humana?
-Hoy no puedo. Iré a ver teatro. Nos vemos mañana.

No todo lo que necesitamos aprender está en los libros. Y la salud no está limitada al EBAIS, al Hospital o a la cabeza del médico o la médica. La salud es responsabilidad de todos y la conocemos y mejoramos al conversar, compartir experiencias y preguntar. Así que ya sabe, como dice Cristina Barboza: “¡Pregunte!”.
Una tarde, una estudiante de medicina y una actriz-directora de teatro, se sentaron a tomar café y conversar. Desde el inicio, sentí cómo mis pensamientos estaban en gran sintonía con los de LaPey. Coincidimos en que la salud depende enormemente de las emociones y que el teatro es un medio maravilloso para expresar, de una manera muy emotiva, inquietudes y datos de suma importancia para el bienestar personal y colectivo. En medio de una fascinante convergencia de ideas sobre arte, sociología, política, biología, fisiología humana, anatomía, farmacología, psicología… LaPey me invitó a ver un ensayo de “A Calzón Quita’o Vol. 2.”

¡Por supuesto! ¡Ahí estaré!

El esperado día, salí en carrera del Hospital San Juan de Dios -donde llevo algunos cursos- para llegar sin prisas al lugar donde sería el “ensayo con público” (debo admitir que me sentía privilegiada por ver tan de cerca un trabajo de semejante calidad).

Llegó la hora de iniciar: pase adelante, siéntese, observe y disfrute. Tome notas.
Depresión y ansiedad, VIH y sexualidad, pornografía y expresión de la masculinidad. ¿Suena familiar? Muchísimo.

Cada día me pregunto qué hacer para que las personas entiendan que debemos hablar sobre las tortuosidades de nuestros cuerpos y nuestras mentes. ¿Cómo lograrlo si, como profesionales en Medicina, hablamos desde el pedestal del “doctorado”, como si fuésemos ajenos a la realidad de la población con sus distintas clases socioeconómicas y conflictos? Raíz Teatro, con su proyecto “A Calzón Quita’o”, tiene la respuesta. Abordan con una sensibilidad entrañable –y gran veracidad- temas que constituyen, precisamente, la matriz de muchas de las consultas médicas de los diferentes grupos sociales y etarios. En cada unipersonal vi reflejados a muchos de los pacientes que he conocido, vi reflejada a mi familia, a mis compañeros y compañeras… me vi a mí misma con mi “paquetito de antidepresivos en la mesita de noche”. (Johanna Madrigal)
Después de ver “A Calzón Quita'o Vol. 2”, siento la necesidad de contarle a todos sobre Raíz Teatro. Como futura profesional en salud, recomiendo vehementemente que estos mensajes lleguen a la mayor cantidad de personas posible. En especial a adolescentes y preadolescentes, que comienzan a adentrarse más intensamente en los misteriosos caminos del autoconocimiento. Recibir la información de estos unipersonales nos ayuda a entendernos como seres con cuerpo, mente y emociones, y a concebir la salud como entidad integral de estos aspectos. De esta forma, vivir cada etapa de la vida con más confianza y calidad.
Agradezco infinitamente al teatro -que al amalgamar tantas manifestaciones artísticas, nos permite llegar tan lejos expresando información puntual y fundamental-, y a todas las personas que investigan y se preparan arduamente para llevar al escenario un trabajo de calidad.
Si desean colaborar de manera valiosa, por favor, compartan esta información.

¡Muchas gracias Raíz Teatro y a todos quienes les apoyan!

Adela Chacón. Estudiante de Medicina

miércoles, 12 de junio de 2019

Síndrome Post-Estreno





Nunca he escuchado el término “Síndrome post-estreno”, ergo, no sé si ya ha sido mencionado o visibilizado como tal; pero sí creo firmemente que existe.

Parto de uno de los significados de síndrome que da el Diccionario de la Lengua Española: Conjunto de síntomas característicos de una enfermedad o un estado determinado; y es así, como puedo asegurar que luego de tener un estreno teatral - cuando “todo se acabó” -, se tienen síntomas.

A ver, particularmente, nuestros procesos de Raíz Teatro duran entre 6-8 meses (de dos a cuatro días a la semana, tres a cinco horas diarias) antes de estrenar. Como “estreno” se entenderá a los fines de semana que estuvimos por primera vez en funciones (que van de 2-4 fines de semana) frente a un público desconocido.

Así, que con esta información, hablaré desde mi y desde mi Raíz sobre el síndrome post-estreno. Eso sí, muy rápido y por encima, porque existen muchos más síntomas y detalles que no menciono en esta nota.

A ver, luego de estar “juntos” como equipo de trabajo en Raíz Teatro, durante casi 9 meses compartiendo: opiniones, impulsos, enfermedades, sueños, molestias, alegrías, dudas, éxtasis, tristezas, sudor, lágrimas, sueño/cansancio, contracturas, pérdidas y nostalgias, risas y amor; entre otras muchas situaciones más; es evidente que se crean conexiones/vínculos importantes entre los seres humanos que somos. Además, llegar a ensayar luego de estar en nuestros otros trabajos en horario diurno (porque en Raíz todos tenemos al menos dos profesiones) para seguir trabajando en horario nocturno y además, el traslado de y hacia nuestro nuestro lugar de ensayo/casas (que todo tico sabe lo que esto significa: entre una y dos horas “de viaje”); es una tarea titánica que no cualquier ser humano soporta.

Cuando se hace teatro, se hace humanidad. Somos seres humanos trabajando como cualquier otro ser humano que trabaja, con la gran diferencia que además de trabajar con nuestro cuerpo y mente; también trabajamos con nuestras emociones y demonios.

Así que luego de pasar por una montaña rusa de emociones intensas durante 9 meses de ensayos y preparación; nos ponemos frente a las luces y a los espectadores para seguir despellejándonos el alma y mostrar nuestro trabajo en cada función.

Y luego que se acaban las funciones...vacío, silencio, quietud, “tiempo libre”…

Los días luego de un estreno son un vacío inmenso donde mi cuerpo y mi mente se sienten perdidos. Un vacío que me genera ansiedad porque aún no he bajado la adrenalina de despellejarme el alma frente a los demás.

Y es que, esta adrenalina no baja de golpe. Una como intérprete (y como directora) debe despellejar su alma frente a ojos diversos, ojos fijos, ojos incrédulos, ojos críticos, ojos y almas como los míos. Y esa adrenalina no se acaba con en el aplauso. En mi mente de intérprete (y directora) sigo pensando: Lo habré hecho bien? ¿Es esto lo que quería hacer? ¿Estoy dando lo mejor de mi? ¿A lo mejor y no me estoy dando a entender?, entre otras millones de incógnitas.

Síntoma de vacío. Síntoma de silencio. Silencio interno y externo. Luego de estrenar ya no estoy escuchando la voz de mi directora, de mis compañeros de escena, de los diseñadores, de la dramaturga, de mis entrenadores; hay silencio. Silencio puro. Hay silencio en mi alrededor, pero también silencio adentro. Mi silencio. Mi silencio que me hace meditar y reflexionar, que me ayuda a tomar decisiones. Un silencio activo.

Síntoma de vacío. Síntoma de silencio. Síntoma de quietud que se parece a los otros dos pero que tiene que ver particularmente con mi cuerpo. Un cuerpo que en ensayos y funciones debe estar entrenado para estar aquí y ahora para comunicar algo. No es sencillo ese estado. Un cuerpo alerta, atento, creativo, activo y proactivo. Y luego del estreno, quietud. Quizá esta quietud solo dure unos días o meses; pero es un síntoma bien raro porque nuestro cuerpo y nuestra mente estuvieron casi 10 meses en movilidad pura.

Síntoma de vacío. Síntoma de silencio. Síntoma de quietud. Síntoma de “tiempo libre”. El tiempo libre es un privilegio que muchos no sabemos valorar. Para algunos de hecho, es signo de vagabundería y “falta de trabajo”. El tiempo libre es justo y necesario; para seguir, para recargar baterías, para tomar decisiones. Este síntoma del tiempo libre es el que más me inquieta porque de repente me veo en mi casa: tranquila, descansada y ¡con tiempo! Tiempo que durante el proceso de ensayos, no tenía. Tiempo que no tenía para: tomar café con mi mamá, salir a caminar con mi papá, ir al banco, ir a comprarme algo, leer, pintarme las uñas, visitar a mis amigos, para descansar; tiempo para lo esencial. Es tan importante el tiempo, también para lo esencial.

Y quizá no es que sea demasiado el tiempo libre que me queda luego de un estreno. Pero sí el suficiente para hacer una pausa y decir: “llévela suave Pey, hay cosas que se deben disfrutar con tiempo”. Amo lo que hago, le dedico mi tiempo al 100% pero también debo recordarme que necesito tiempo para mi, para la mujer.

El vacío, el silencio, la quietud y el tiempo libre son algunos de estos síntomas de lo que he llamado Síndrome post-estreno; habrán más, ustedes me dirán...

miércoles, 5 de junio de 2019

Aun aquí.


Creo que hay muchas maneras de llegar al teatro. Algunos lo hacen al tener experiencias cercanas con el medio cuando eran pequeños, algunos otros pudieron estar en escuelas o colegios que ofrecieran “teatro” como una asignatura o actividad extracurricular, incluso nunca falta el grupo de teatro de la comunidad, que puede ser el de la iglesia (y que le pudo haber brindado a alguien sus primeras experiencias con las tablas).
No voy a mentir, estar en el escenario es una actividad intensa y estimulante, como enamorarse o hacer algún deporte extremo (ambas considerablemente peligrosas como el teatro). Por lo que no me resulta raro engancharse, enamorase, querer dedicarle más horas, más vida. Pero la magia para mi no radica en llegar, sino en quedarse.
El amor por el teatro puede ser mucho, pero como cualquier matrimonio relativamente funcional, el amor es solo uno de los factores que mantiene la paz en el hogar. Dedicación, reinvención, honestidad, pleitos, frustración, acaloradas reconciliaciones; todas estas son los múltiples momentos que implica un convivio prolongado con esta profesión.
Yo diría que llevo diez años de casado, pero mentiría de manera descarada. El proceso universitario y de formación se parece más a un noviazgo que a cualquier otra cosa; porque se es joven, lleno de ilusiones, planes a futuro, viajes por todo el mundo acompañado uno del otro. Un idealismo puro, como el de cualquier pareja que juega con la idea del matrimonio. Pero luego te gradúas, o sea, te casas.
Fuera de los clichés de la vida matrimonial, la experiencia académica es una etapa poblada de otras aristas que se llegan a diferenciar mucho de la realidad de un ambiente laboral, donde tus ciclos no son un conjunto ordenado de semestres, sino un sube y baja de: proyectos, trabajos a medios tiempos, vacas flacas y gordas. El afuera es una verdadera prueba de amor, sabiendo que este no desaparece, pero es incapaz de sustentar cualquier tipo de idealismo que uno pudo haber generado en la cabeza.
Quizá la realidad sea menos “romántica” pero definitivamente es más exigente y satisfactoria. El día a día es un reto, así como aprender cosas nuevas sobre este maravilloso oficio (también se aprende cosas nuevas de uno mismo). El teatro está en muchas cosas, no es un objeto intocable y místico que responde solo a lo que pasa en las tablas, sino que nos invita y exige a replantearnos nuestro quehacer. Quizá ahí está un poco la clave. Esto igual se sostiene con constantes peleas, frustraciones, momentos de separación y reconciliaciones. Es todo un tema.
No sé cuántos años más durará este matrimonio. He visto a muchos que se divorcian y logran llevar una amistad feliz, otros tantos manejan una relación abierta y les va de maravilla. Yo aquí voy, aun enamorado, un poco más cansado, pero con ganas de seguir un rato más.
Estefan Esquivel
Dramaturgo y Actor


El rumbo de producir (Raíz Laboratorio 4)

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