miércoles, 19 de mayo de 2021

Premios Oscar, Emmy, Grammy… ¿Les suena?

 



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Premios Oscar, Emmy, Grammy… ¿Les suena? Posiblemente su respuesta sea afirmativa. Gran parte de la población costarricense conoce de estos premios, los ha visto por televisión, y hasta ha hecho sus apuestas de quién ganará. Pero si le consulto sobre los Premios Nacionales de Cultura, ¿sabe de qué tratan?

Pues yo debo confesar que desconocía de estos premios, y quizás solo me sonaba familiar el “premio Magón”. Sin embargo, recientemente una amiga me compartió algunos artículos y documentos que tratan sobre los Premios Nacionales de Cultura, y gracias a ello logré aprender sobre los mismos. Seguidamente, comparto algunos detalles generales, que quizás le sean de interés.

Los premios nacionales de cultura los otorga el Estado costarricense mediante el Ministerio de Cultura y Juventud. Actualmente existen ocho categorías que premian los aportes realizados en el ámbito cultural de nuestro país, como por ejemplo: el periodismo, la rama de las ciencias sociales, los proyectos culturales, la literatura, el teatro, la música, la danza, las artes visuales y audiovisuales, entre otros.

Estos premios se entregan de forma anual, las postulaciones las puede realizar cualquier persona física o jurídica, y los ganadores son seleccionados por un jurado conformado según lo estipula la Ley 9211, que trata sobre estos premios. Me llamó muchísimo la atención que cualquier persona puede presentar postulaciones; es decir, tanto usted o yo, podemos ser partícipes de este proceso. Por tanto, decidí buscar en Internet cómo se puede proceder con la postulación y me encontré en la página del Ministerio de Cultura y Juventud los formularios necesarios que deben llenarse de acuerdo con cada una de las categorías de los Premios Nacionales de Cultura.

Por ejemplo, para la categoría Premios Nacionales de Arte, donde podemos encontrar el Premio Nacional de Teatro Ricardo Fernández Guardia, está comparte el siguiente enlace:

https://tinyurl.com/m6zwm65

También, se puede realizar la postulación de forma presencial en las oficinas del Teatro Popular Melico Salazar, donde entregan la boleta respectiva para llenarse.

Revisando el formulario, la información solicitada corresponde a datos sobre la persona postulada y el espectáculo, la justificación de la postulación (muy importante), y los datos de la persona quien está postulando. Una vez completado lo anterior, se envía y así termina el proceso. Realmente me pareció bastante ágil y accesible los pasos a seguir para la realización de las postulaciones, y me agrada que el Ministerio de Cultura y Juventud facilite desde su página de Internet toda esta información sobre los Premios Nacionales de Cultura.

Finalmente, les comparto que este 2021, el período para la recepción de postulaciones termina el 30 de noviembre. Ojalá que esta información le haya parecido interesante, así como lo fue para mí. Ahora, además de saber sobre algunos premios internacionales, conozco sobre los Premios Nacionales de Cultura otorgados en mi querida Costa Rica.



Silvia Leal Acuña

Administradora de Empresas

Fotógrafa aficionada


miércoles, 12 de mayo de 2021

Renacer del caos

 


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Por María Laura Fernández

(Teóloga, educadora y estudiante de imagenología médica)


Hace unos días escuché un audio muy tierno de un pequeño niño. Al preguntarle por lo que se vive actualmente con todo lo de la pandemia, el niño responde con palabras casi ininteligibles una frase que probablemente escuchó en alguna noticia: “caos absoluto y pánico generalizado”.

Efectivamente, el virus ha generado caos en todos los ámbitos y ha cambiado radicalmente la manera de realizar nuestras actividades diarias. Sin embargo, resulta curioso fijarse en la etimología de la palabra caos: a pesar de las connotaciones negativas que se le suelen adjudicar, el vocablo griego Χάος en realidad se relaciona con la noción de abertura o estar abierto. Ciertamente, muchos relatos cosmogónicos de diferentes tradiciones utilizan el concepto para referirse a un estado primigenio de desorden (antes de que todo comenzara a ordenarse para dar origen al mundo que conocemos). Sin embargo, lo fundamental del caos no es el “desorden” en sí, sino las infinitas posibilidades de movimiento y cambio que se abren como consecuencia suya.

En ese sentido, resulta evidente que el caos de la pandemia también ha puesto en movimiento numerosos cambios en todos los ámbitos de la vida humana. La educación, por ejemplo, ha tenido que adaptarse a la nueva realidad del distanciamiento social y se ha necesitado mucha creatividad e innovación para poder seguir acompañando los procesos de aprendizaje. Varias veces he comentado con compañeros y amigos profesores que una de las mayores ventajas de la pandemia es que los educadores nos hemos tenido que actualizar en tiempo récord y hemos aprendido a utilizar muchas herramientas digitales (que, de no ser por esta situación, probablemente hubiéramos tardado años en capacitaciones para lograr dominarlas).

Y este es un fenómeno que también ha alcanzado al teatro. Una posibilidad habría sido sumirse en el “caos absoluto” por las dificultades para realizar funciones presenciales y el “pánico generalizado” por los múltiples retos que esto supone para el gremio. Pero ese no es el camino que se ha tomado… O, al menos, ese no es el camino que Raíz Teatro ha decidido tomar.

Sinceramente, me encantó la propuesta teatral que nos ofrecieron con el proyecto de Sorella Morte. Raíz Teatro siempre se ha caracterizado por innovar y buscar nuevas formas de alcanzar distintos tipos de público (como cuando se realizan presentaciones en casas o pequeños espacios de zonas rurales). Y ahora, con la pandemia, nos sorprendieron con esta propuesta tan creativa de permitirnos disfrutar un espectáculo a través de videos, mensajes de WhatsApp y correos electrónicos. Todo me fascinó: no sólo las imágenes, las actuaciones y los textos, sino también la gran creatividad de llevar el teatro al ámbito personal de los espectadores. Así, cada quien interactúa con la obra en los momentos del día que le resulten más convenientes y, además, esto se presta para que la reflexión/profundización de los temas alcance niveles nunca antes imaginados.

Por todo lo anterior, considero que lo que ha vivido el teatro con la pandemia es justamente eso: una oportunidad para renacer del caos. Lógicamente ha habido dificultades, miedos e incertidumbres en el proceso, pero todo ha sido para bien, pues nos ha abierto el horizonte a infinitas posibilidades de crecimiento y renovación.


miércoles, 5 de mayo de 2021

Premios y otras ficciones ¿necesarias?

 


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A Borges no le dieron el premio nobel de literatura, es cierto que recibió otros galardones como el Cervantes, pero el nobel, que goza de este imaginario de ser “el” premio en literatura, no. Claramente esto no es un argumento para dudar de la calidad narrativa de Borges, pero sirve para señalar un hecho más que conocido; que los premios no son infalibles, mejor aún, que no determinan nada irrefutable.

¿Y por qué seguimos entregando premios al quehacer artístico? Eso me pregunté cuando me propusieron ser jurado para los Premios Nacionales de Cultura que entrega, ya lo adivinaron, el Ministerio de Cultura, específicamente los premios del 2020 en literatura. Spoiler, al final acepté. Porque, creo yo, hay algo valioso en su existencia, no solo la de los premios que da el Ministerio de Cultura de nuestro país, sino los reconocimientos que se le da al arte en general a lo largo y ancho del mundo.

Dos argumentos a su favor y uno en contra.

1. Visibilizar el trabajo: quedemos claros, uno de los mayores retos que afrontan los artistas en el espacio actual es el de hacer llegar sus productos a los consumidores. Los motivos para esto son múltiples y complejos (saturación de propuestas, faltan medios eficaces de difusión, etc.) pero cualquier galardón que posea una obra puede ser una manera de hacer llamar la atención sobre ella, y en el contexto costarricense, donde se acostumbra a dudar de la calidad de cualquier cosa que sea hecha en “tiquicia”, esta puede ser un incentivo para su consumo.

2. Incentivo a los creadores: dedicarse al arte es complicado, no solo por los motivos económicos que todos podemos imaginar, sino también por la percepción social que se tiene de la figura del “artista”. Un premio puede ser el incentivo necesario para motivar a un creador a seguir con su trabajo o para alentar a uno que apenas esta comenzando, como el dramaturgo argentino Mauricio Kartun, que después de ganar un concurso de cuento en la escuela, comprendió que tenía un talento que jamás había visto en él mismo. Sumado a esto el incentivo económico que ofrecen muchos premios también pueden afianzar la posibilidad de que los creadores se mantengan, valga la redundancia, creando.

3. El argumento en contra es como el primo malvado del anterior: Puede hinchar los egos. Aunque usted no lo crea los premios pueden hiperbolizar la imagen que el artista maneja sobre si mismo. Cosa curiosa si tomamos en cuenta que: 1- no todos los grandes artistas han ganado premio. 2- no todos los que ganan premio son grandes artistas. 3- Que aunque uno vaya a todas las sodas del mercado central informando que uno ga “el Magón”, es probable que en ninguna le regalen un almuerzo.

Es que los premios son una ficción, y conste que no lo digo de manera despectiva porque la ficción es de mis cosas favoritas, ya que determinar la “calidad” o la “superioridad” de una expresión artística sobre otra va a partir de criterios que no todos compartan, por más objetivos que estos puedan llegar a ser, o que pueden llegar a cambiar con el tiempo. Y sin embargo hay un valor real en generar diálogo alrededor de las obras ¿o acaso no les parece interesante como todo mundo se convierte en cinéfilo cuando llega la temporada de los Oscar? Es que los premios pueden generar diálogo y comunidad.

Lo que me hace pensar en tres sugerencias para nuestros premios de cultura:

1- Incluir más categorías: El arte es un fenómeno que muta y se expande constantemente, por eso sumar categorías o subcategorías en algunas áreas pueden ayudarnos a llevar la mirada a manifestaciones más diversas. En el caso de literatura, una categoría de cuento infantil y otra de cuento infantil ilustrado, sería una maravilla para aquellos padres y madres de familia que quieran iniciar a sus hijos en literatura. También, contemplar la diferencia entre nuevos creadores y creadores de mayor trayectoria, ayudaría a incentivar a aquellos que vienen comenzando en su proceso de creación (que bien se sabe que es difícil arrancar). Quizá esto implique un menor monto económico para cada uno de los ganadores, pero podría resultar en un entorno de consumo cultural más dinámico.

2- Nominaciones: Para el entendido en cine, los Oscar son cualquier cosa menos un sinónimo de calidad, sin embargo, creo que pocos podrían argumentar que son uno de los eventos que más moviliza a las personas al cine. Está claro que esto se debe a la millonaria maquinaria de propaganda que tienen a su disposición, pero otro detalle que me parece efectivo y no tan costoso son las nominaciones en cada categoría previas a la nominación. Es normal que las personas corran a los cines para ver todas las películas nominadas y generen discusión y expectativas sobre sus posibles ganadoras. ¿Se imaginan a hacer lo mismo en teatro? Saber que cuando se nominan a varias obras la gente se sienta tentada a ir a las salas, ver cuál es el panorama para este año. Quizá obras que ya no están en cartelera, pero son nominadas; podrían hacer una temporada relámpago previa a la premiación.

3- Mediatización de la entrega: Cualquier persona que haya trabajado remotamente cerca del Ministerio de Cultura sabrá que ahí se trabaja con lo que se tiene, que generalmente no es mucho, y que ahora es menos. Pero también hay alternativas para logar una más amplia cobertura de los premios como transmisiones por vías digitales, alianzas con televisoras o canales de radio; que le den más difusión al evento. En fin, que algún día, en nuestros sueños de opio, la expectativa por una entrega de premios nacionales de cultura en Costa Rica, se acerque a la de un clásico de futbol.



Estefan Esquivel Valverde

Dramaturgo, Actor y Docente.


miércoles, 28 de abril de 2021

Ser artista fuera del Gran Área Metropolitana en Costa Rica

 



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Ser artista fuera de cualquier casco central en cualquier país implica retos diferentes, y estos siempre son más profundos que en las áreas metropolitanas. En relación a las dinámicas de centro y periferias, en un país centroamericano las condiciones de desarrollo artístico para una persona trabajadora del sector, son mucho más limitadas, tomando en cuenta que Latinoamérica es una periferia, y Centroamérica es la periferia de Latinoamérica.

Esta lógica se extiende al interior de Costa Rica, donde tres de sus siete provincias son la periferia del país. El Plan Nacional de Desarrollo “cataloga” a estas provincias como sectores de prioridad para la acción del gobierno, y destaca ciertos cantones con condiciones críticas en los que la pobreza alcanza niveles muy elevados.

El desarrollo artístico de una persona puede relacionarse con el nivel de pobreza de una zona geográfica, ya que las oportunidades de formación, de contacto, de exposición, de trabajo remunerado dignamente y con condiciones laborales legales son realmente escasas. Esto implica que los esfuerzos de esa persona tienen que ser muy notorios y su tenacidad sobresaliente, para poder abrirse paso en un contexto tan poco estimulante. Implica también que las personas artistas trabajamos al/en el margen de muchas posibilidades de crecimiento profesional.

En estos escenarios de pobreza, el ejercicio del arte y la cultura se vuelve pesado, y las políticas públicas tienden al desmantelamiento de las acciones que sostienen condiciones de desarrollo humano digno e integral, ya que el arte es totalmente desvalorado bajo la lupa de la lógica neoliberal, y pues, también es entendible que primero hay que resolver lo más básico, el hambre del pueblo. Los presupuestos que el Estado costarricense destina al derecho humano para acceso a la cultura en las zonas descentralizadas son recortados casi hasta su extinción, y por supuesto esto viene del recorte a los fondos destinados a la cultura a nivel nacional.

Y sí, Costa Rica es un país pobre, con un 26.2% de su población en situación de pobreza1, y con una deuda externa que para el 2021 se estima que sea de ¢28.847.349,3 millones, lo que representa un 80,5% del PIB2 -lo que significa que aunque se extinga el planeta la deuda nunca será saldada-. Realidad acrecentada por una histórica y sistemática administración pública corrupta e ineficiente -la cual tampoco va a cambiar, al menos no pronto, porque tendría que haber un cambio estructural, ya que la lógica del sistema está instaurada, probada y aprobada por el poder-.

Ante este panorama, los intentos de las personas artistas por desarrollarse profesionalmente, son coletazos de voluntades fuertes intentando trabajar en un oficio que resulta quijotesco en un mundo tan absurdo. ¿Pasa dentro del Gran Área Metropolitana? Sí, claro, también. Pero como dije al inicio, fuera del GAM es la periferia, de la periferia, de la periferia; y en términos generales no hay un círculo de apoyo, ni círculo de colegas, ni universidades con academias de arte, ni públicos cautivos, ni infraestructuras adecuadas, ni instituciones culturales centralizadas, ni coleccionistas, ni mecenas, ni facilidades de formación, actualización o especialización.

Por todas estas razones, el acceso a ciertos fondos estatales y también a fondos de fuente privada o extranjera en nuestros países para la actividad artística, está muy relacionada con la gestión cultural, y ésta, con la acción social. La autonomía del arte y sus manifestaciones e investigaciones formales son anuladas en busca de un “beneficio a la comunidad”, y esta es una realidad que debemos afrontar: según nuestra búsqueda artística es indispensable migrar hacia los centros. Por ejemplo, si mi interés es ser una pintora interesada en estudiar la mancha y la luz, o ser una actriz interesada en entrenamientos alternativos para voz cantada en teatro musical, es poco probable que mi búsqueda sea posible en una región periférica.

Es excelente desarrollar una labor social en el ámbito artístico, así como un interés por la gestión cultural, pero no debería ser una obligación para la persona artista, sin embargo, en la mayoría de casos en la periferia, es una manera más viable de sobrevivir como artista. Por mi lado, me encuentro en la zona de Limón desarrollando proyectos, y buscando que se gesten otros, porque por suerte, sí me interesa, al menos en este momento de mi vida, la acción social por medio del arte. Y he decir que he tenido que desarrollar una mente fuerte, una voluntad de acero, una claridad y confianza en que el arte es importante para las vidas, y un amor hacia la comunidad, que en este caso es la comunidad donde nací.

El desarrollo artístico en comunidad se hace posible pensando en colectivo, mutando las filosofías artísticas a campos de pedagogías informales, generando espacios de crecimiento con esperanza en la función “dignificante” del arte, creyendo en la rebeldía de desafiar el sistema neoliberal que nos empuja a no tener acceso a nuestro desarrollo integral. Lo que me apaña es el compartir y el reto enorme de crear arte con personas no profesionales en el ámbito, al menos por ahora.

Porque sí es importante, el arte es importante para las comunidades, para reducir los índices de criminalidad y violencia, para aumentar los niveles de escolarización, para desarrollar competencias para la vida, para estimular el aprendizaje, para sensibilizar, para cambiar vidas, porque el contacto con el arte nos cambia la vida a todas las personas.


Noelia Cruz

Licenciada en Arte y Comunicación Visual por la Universidad Nacional, Bachiller en Artes Dramáticas por la Universidad de Costa Rica. Fundadora y Directora de la agrupación La Cuadrilla Escénica.



1 Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC).

2 Según el Ministerio de Hacienda.


miércoles, 21 de abril de 2021

Premios Nacionales Covid de Cultura en Costa Rica

 



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Los Premios Nacionales de Cultura suelen ser un reflejo de la trayectoria de trabajo, esfuerzo, tenacidad y excelencia en cada una de las ramas artísticas y sus categorías. Los premios Covid del 2020 parecen haber tomado en cuenta mayor, o únicamente, el esfuerzo y el trabajo a pesar de las adversidades que trajo consigo la pandemia. Propiamente hablando de teatro, 25 personas fueron galardonas en las tres categorías que han sobrevivido, cuando se suele esperar que sean exactamente tres las personas que sobresalgan en actuación, dirección y diseño.

Fue una alegría que tantas personas del gremio recibieran el reconocimiento, principalmente para que el dinero del premio, fondos públicos, en tiempo de pandémicos fuese repartido en varias personas para apoyar más globalmente al sector. Pero a la vez, un Premio Nacional es el máximo galardón que puede recibir una persona artista en el país, tanto de forma económica como de reconocimiento y prestigio. Con la cantidad de personas ganadoras, sin menos preciar el trabajo realizado, pareciera que no se trataba de un Premio Nacional, sino más bien una beca o ayuda social económica, cuando más bien es en nombre del Estado costarricense que se hace la distinción artística.

Lo que se cuestiona no es a las personas artistas ganadoras, a las once personas en la categoría de actuación, a las seis en dirección y a las ocho en diseño. Sino más bien se cuestiona la decisión por parte del jurado y las repercusiones políticas y sociales para el país. Por ejemplo, desde la creación de los Premios Nacionales en la década de los sesentas, cada vez hay menos categorías, posibilidades de ganar, reducción de presupuesto y menor prestigio ¿cómo queda la imagen de los Premios luego de esa decisión?

Lo positivo que trajo consigo esta sorpresiva premiación, fue una especie de cierre de una discusión persistente durante el 2020, sobre la virtualización, los distintos formatos y el uso de las tecnologías de la información ¿es o no es teatro?, pues el jurado del Premio Nacional de Teatro Ricardo Fernández Guardia dijo que sí lo es. Y la segunda discusión, mucho más relevante, es que el gremio está más interesado en la ley N° 9211 sobre Premios Nacionales de Cultura y también de cómo se elige el jurado, quién fue el jurado, cómo elije el jurado a las personas ganadoras, etc. La premiación alertó al sector teatral sobre la desinformación, o falta de cohesión gremial que se está viviendo.



Guadalupe Apú Hidalgo - Teatrera

Productora de Las Verbenas Teatro


miércoles, 14 de abril de 2021

Hacer arte desde lo íntimo y personal, es hacer arte desde lo político.

 


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Para el proyecto Raíz Laboratorio 2020, que es un espacio de aprendizaje, exploración, creación, gestión y producción teatral que ofrece Raíz Teatro, Katherine “La Pey” directora de Raíz, nos convocó a 4 chicas para trabajar sobre un tema que nos moviera. Yingry Rodriguez, Diana Chinchilla, Sofía Paniagua y yo nos conocemos de la Universidad de Costa Rica, somos compañeras de generación, colegas y me alegra decir que también somos amigas y cómplices. Las cuatro somos realmente diferentes. Tenemos edades, perspectivas, intereses, conocimientos y formas de imaginar super diversas y esa es, en mi opinión, una de nuestras mayores fortalezas.

Cuando iniciamos con este proceso respondiendo a la pregunta ¿sobre qué queremos trabajar? Las cuatro lo teníamos muy claro: sobre la violencia. ¿Cuál violencia? La que nos atraviesa el cuerpo todos los días: la falta de empatía, la negligencia, la violencia estructural, el machismo (el ajeno y el internalizado), la desensibilización ante el dolor, etc.

Ha sido un proceso de investigación con mucha información para procesar, un lugar para escribir sobre lo personal, sobre las historias que nos cuentan, sobre lo que nos enteramos de personas que no conocemos. Nos hemos abrazado a través de la pantalla y hemos recibido un acompañamiento y una guía atenta y cariñosa por parte de La Pey, que nos ha permitido escuchar las entrelíneas de nuestra propuesta y tomar la esencia de esto con lo que decidimos trabajar.

Este espacio de Raíz Laboratorio se convirtió durante la pandemia en un catalizador de energía creativa, lleno de mujeres poderosas y sensibles con mucho para decir. Hay una frase de Carrie Fisher que es muy conocida“ Take your broken heart. Make it into art”. Me encanta. Me parece un acto de valientes tomar el corazón roto, sucio y adolorido con toda su... (perdón por el francés) mierda, y lograr ofrendar, exponer, ficcionar y conectar el dolor propio con otras realidades e historias ajenas.

Es fuerte darse cuenta que no solo a mí me pasan ciertas cosas, por una parte hay un alivio en la compañía y en las palabras “a mí también, no estás sola en esto”, y por otra parte, ver la cantidad de veces que se repite una historia, con otros seres, otros cuerpos, otros lugares, otros tiempos, le da fuego a un grito de rabia. La acción se hace más fuerte cuando se acumula y confío que esa compañía y esa rabia, son el combustible para cambiar al mundo. Un mundo a la vez.


Valeria Méndez Solano

Antropóloga social, actriz y educadora en formación en la Universidad de Costa Rica.

miércoles, 7 de abril de 2021

Sector Cultura y Ciudadanos costarricenses en general: Ley 9211, ¿la conocemos? ¿debemos conocerla?

 


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El Programa de Premios Nacionales fue creado mediante la Ley Nº 2901 del 24 de noviembre de 1961. En setiembre del 2010, por iniciativa del Ministerio de Cultura, se propone un proyecto a la Asamblea Legislativa para modificar esa ley. En febrero del 2013 se aprobó un texto sustitutivo acogiendo varias modificaciones para el ejemplar de hacía 52 años.

Por su lado, la ley 9211 en Costa Rica, es la ley sobre los premios nacionales de cultura. Esta ley fue aprobada el 13 de febrero del 2014 por la Asamblea Legislativa presidida por Luis Fernando Mendoza Jiménez, siendo ministro de cultura el señor Manuel Obregón López y durante el gobierno de Laura Chinchilla Miranda. Fue publicada en La Gaceta del 26 marzo del 2014.

En su primer artículo, la ley 9211 dice: “Créanse los Premios Nacionales de Cultura, otorgados por el Estado Costarricense, a través del Ministerio de Cultura y Juventud, como incentivo a la excelencia, el desarrollo y los aportes en el quehacer cultural costarricense.”1 Y así con este artículo, los ciudadanos costarricenses pasamos a ser participantes activos de estos premios; ya sea como postulantes, jurado, personas postuladas o fiscales de este proceso que involucra bienes públicos.

Ni cuando estudié administración pública ni mucho menos cuando estudié artes dramáticas, ambas en la Universidad de Costa Rica; recuerdo se tocara el tema sobre leyes y/o políticas culturales (lamentable). Si bien es cierto, lo legal es un tema basto, es esencial en la formación de profesionales (mínimo conocer cuáles son las leyes y políticas, que le competen a mi ámbito profesional). Vivimos en un Estado de Derecho y pareciera que a los ticos se nos olvida, en especial, al sector cultura.


¿Sabés que es ser un Estado de Derecho?

Dato: Tiene que ver con el principio de gobernanza.


Son siete, las entidades del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) que están destinadas a la administración de estos premios nacionales de cultura. Estas entidades, además, conformarán un jurado para cada una de las categorías a premiar.


¿Sabés cuántas personas conforman el jurado y cómo se designan?

Dato: Para la integración de los jurados, se deberá tener en cuenta la formación en el ámbito de la especialidad, la trayectoria en su campo y que no tengan cuestionamiento de su solvencia moral. Las instituciones representadas asumirán los gastos que requieran sus delegados para el ejercicio del cargo. 2


Los premios se clasifican en ocho categorías, que van desde literatura, patrimonio cultural, artes escénicas y plásticas; así como música y danza; entre otros. Cualquier persona (física o jurídica) puede postular a personas, agrupaciones u organizaciones para estos premios. Estos premios de cultura se entregan cada año, a más tardar en el mes de mayo.


¿Sabés cuáles son las ocho categorías de premios nacionales de cultura?

¿Sabés cuáles son además, los premios de arte?

Dato: están explicaditos en el texto de la Ley 9211


Los jurados están formados por tres o cinco personas (con requisitos por supuesto), las cuáles “serán responsables de cumplir a cabalidad los fines de esta ley y asumir su responsabilidad con la ética profesional de sus tareas.”3 Este jurado goza de libertad de elección, la cuál no será sometida a opiniones de terceros.


¡Tremenda responsabilidad!

Dato: Ad honorem por cierto


El financiamiento de cada premio sale del presupuesto de cada institución o programa administrador de nuestro sistema público. Cada premio ronda entre ocho y quince salarios base de un profesional 1 A del Servicio Civil. A hoy (abril 2021), un salario base de un profesional 1 A del Servicio Civil4 ronda un poco más de los 500 mil colones.

¡Ah, algo importante! Esta ley tiene un Reglamento: “Reglamento a la Ley N° 9211 Ley sobre Premios Nacionales de Cultura vigente desde el 01 mayo del 2015 y publicado en La Gaceta el 27 de enero del 2015. El objetivo de este reglamento es establecer las disposiciones necesarias para la implementación de la Ley N.º 9211. Es decir, que para aplicar la Ley se debe conocer y proceder conforme el reglamento.


Pero este tema lo tocaré en mi próxima nota para no hacer esta tan extensa.


La asamblea legislativa, primer poder de nuestra república, es la encargada de aprobar las leyes; el pueblo de proponerlas5; el proceso puede tardar bastantes días o no. El pueblo, quien debería tener una participación ciudadana real y constante, está en la potestad de cuestionar las leyes, pero sobretodo de participar activamente en su cumplimiento.



3 Ídem

4 http://www.dgsc.go.cr/ts_salarios/dgsc_servicios_salarios.html

5 El artículo 123 de la Constitución otorga a la ciudadanía una herramienta mediante la cual también puede participar en la formación de leyes: la iniciativa popular. Respaldada por un 5% del padrón electoral.

El rumbo de producir (Raíz Laboratorio 4)

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